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Jóvenes y nuevas tecnologías

El entorno laboral y la economía de los jóvenes se verán afectados de una forma desproporcionada a causa de las nuevas tecnologías por la sencilla razón de que una mayor parte de su vida laboral estará expuesta a ellas. Las tecnologías que hoy en día se encuentran en fase experimental de su desarrollo podrían comenzar aplicarse masivamente en 10 o 15 años, lo que supondría que los jóvenes trabajadores y trabajadoras de hoy estarán en la mitad de su trayectoria profesional cuando el impacto comience a notarse; esto es tanto una ventaja como una desventaja.

La ventaja es que es más probable que los jóvenes trabajadores/as entiendan las nuevas tecnologías mejor que los trabajadores de más edad, y se adaptarán mejor a ellas mientras aún son jóvenes. Pero no es una gran ventaja si tenemos en cuenta el panorama general.

Los jóvenes trabajadores y trabajadoras estarán enormemente expuestos a los efectos negativos de la tecnología mientras que las sociedades se adaptan a su uso. Las tecnologías que afectarán más negativamente a los jóvenes trabajadores/as del transporte probablemente son el uso de plataformas virtuales para organizar el trabajo, el aumento del uso de tecnología por control remoto para desplazar el trabajo a través de las fronteras, y un mayor despliegue de tecnología para controlar a los empleados/as y sancionarlos.

La vida de los jóvenes también estará más definida por las tendencias económicas y políticas que comienzan a darse en la actualidad. El alejamiento de las economías neoliberales y el acercamiento hacia algunas formas de proteccionismo y la fragmentación de la economía global no han hecho más que empezar, y definirán la vida laboral durante, al menos, la próxima década. En política, la tendencia hacia la polarización y el desarrollo de nuevas alianzas políticas internacionales son otros factores que determinarán las vidas de muchos jóvenes en los años venideros, especialmente en los países en vías en desarrollo.

Por tanto, para los jóvenes trabajadores/as esto supondrá un entorno internacional inestable, un entorno político y un ámbito laboral cada vez más polarizados en los que la tecnología será utilizada para empeorar las ya malas condiciones, no para mejorarlas.

En muchos países, los jóvenes están enormemente afectados por el desempleo o por el subempleo. Es mucho más probable que los jóvenes, incluso de Europa, trabajen en el sector informal o en trabajos temporales o de tiempo parcial. Los jóvenes también están sobrerrepresentados en los países subdesarrollados, especialmente en África, y es el grupo que con mayor probabilidad se convertirá en migrante. Estas son las condiciones ideales para que se usen las plataformas virtuales para explotar a la juventud, tanto en los países en vías de desarrollo como en los desarrollados.

Para entender la razón debemos entender las plataformas virtuales.  

Estas permiten reorganizar los procedimientos de trabajo reemplazando la gestión directa por un algoritmo que posibilita la ficción del empleo por cuenta propia. La gente se apunta a estas plataformas con la esperanza de conseguir trabajo, lo que solo sucede en un contexto de desempleo o de altos niveles del mismo. La ficción del autoempleo se desmorona si se somete a inspección, por lo que muchas de estas plataformas ya se están catalogando como empleadoras en los países desarrollados. No obstante, en los países en vías de desarrollo, la falta de capacidad gubernamental significa que el capital que hay detrás de estas aplicaciones puede actualmente retrasar o evitar esa catalogación. Dado el predominio de prácticas laborales informales en muchos de los países en vías de desarrollo, estas plataformas pueden hacer uso de una enorme cantidad de mano de obra desesperada, especialmente en el transporte, razón por la que existen numerosas aplicaciones de taxis en todo el mundo.

Las plataformas virtuales también permiten la ‘migración digital’ del trabajo a través de las fronteras, digitalizando la carrera hacia el abismo en lo que respecta a los salarios. También permiten que se dividan algunos tipos de trabajo en micro-tareas que se pueden repartir entre muchas personas. El resultado es la creación de muchas clases de trabajo digital para los ciudadanos de los países en vías de desarrollo, quienes reciben salarios relativamente buenos según el mercado local, pero a expensas de trabajar horas intempestivas, de no tener los salarios garantizados o un trato decente, no tener subsidio de enfermedad o vacaciones pagadas, y sin derecho a reclamar. El impacto en los países desarrollados es la obligación de bajar los salarios que se perciben por realizar estos trabajos digitales y la reducción de empleo en esos países. Algunos investigadores han estudiado dónde se crean estos trabajos en relación a dónde se realizan, lo cual refleja un mapa de poder económico en la economía digital: los trabajos se crean en EE.UU., Canadá y Europa Occidental y se llevan a cabo en los países en vías de desarrollo de habla inglesa. En otras palabras, es una forma de imperialismo digital.

Por consiguiente, estas plataformas virtuales como Uber, Deliveroo, Upwork, etcétera utilizan eficazmente la falta de regulación con el fin de perpetuar unas condiciones laborales explotadoras. Así que, mientras existan economías que ‘liberalizan’ los mercados laborales ‘flexibles’, se utilizarán estas plataformas para explotar a la juventud.  En países en los que el empleo aumenta y la regulación laboral comienza a cubrir el ámbito digital, estas plataformas se transformarán en empleadores directos, y se parecerán más a empresas tradicionales.

Pero los jóvenes trabajadores y trabajadoras del transporte también estarán expuestos a otras formas de tecnología. Estarán expuestos al reto cada vez mayor que supone el trabajo remoto. Ya estamos viendo que algunas tareas se traspasan a mercados laborales más baratos a través de la tecnología por control remoto. El puerto de Oslo se opera desde Turquía por las noches. Algunas de las operaciones del puerto de Melbourne, Australia, se han externalizado a Manila (de economías en las que los salarios son altos a economías en las que son bajos). Los aeropuertos de Suecia y Noruega se operan desde torres de control remoto ubicadas cerca de las grandes ciudades. En el ámbito de la navegación, se habla de embarcaciones operadas por control remoto y existe una alta posibilidad de que se utilice tecnología remota en el transporte público y en el transporte de mercancías por carretera. El control remoto ofrece ventajas para la automatización a un coste más razonable, y con la seguridad que ofrece implicar a operadores humanos, razón por la que es probable que se extienda de una forma más generalizada.

En estos momentos, lo que está conteniendo este proceso es la falta de familiaridad con la tecnología, el coste relativamente bajo de la mano de obra en muchos de los países desarrollados, y la falta de comunicaciones digitales suficientemente seguras y rápidas. Por ejemplo, no todas las operaciones de Melbourne podrían ser llevadas al extranjero a través de medios digitales por el desfase temporal que existe en las comunicaciones. Pero estas cuestiones se pueden superar, y mientras tanto, seremos testigos de cómo las compañías se esfuerzan cada vez más por introducir el control remoto en el transporte, aunque quizás suceda dentro de los territorios nacionales en lugar de entre países.

Pero independientemente de dónde se encuentran nuestros jóvenes trabajadores y trabajadoras, es muy probable que todos ellos cada vez tengan más contacto con la tecnología de vigilancia de empleados que permite medir su rendimiento en tiempo real, y que permite que sean comparados unos con otros o con objetivos que han sido fijados por un algoritmo. Es muy probable que este ‘taylorismo digital’ defina las vidas laborales de los jóvenes si se permite que el actual marco de relaciones laborales continúe. Ya lo podemos ver en el desarrollo de los almacenes de Sports Direct y de Amazon, en el uso de la telemática y de la inteligencia artificial en las cabinas de los camiones, en la recopilación de datos biométricos y fisiológicos por parte de las empresas.

Según se va desarrollando la Inteligencia Artificial, no hay duda de que se utilizará para ayudar a las empresas a controlar a sus trabajadores/as influenciando su contratación o identificando lo antes posible a las personas con actitudes problemáticas o a las personas propensas a tener mala salud. Se está desarrollando con rapidez la Inteligencia Artificial que puede utilizar datos de reconocimiento facial para hacer sus predicciones. La Inteligencia Artificial que utiliza datos de redes sociales y los combina con otros datos también puede ser utilizada para forjar una idea de redes sociales y podría, en teoría, crear listas negras de activistas sindicales y activistas sindicales potenciales.

Por tanto, no hay duda de que para los jóvenes trabajadores y trabajadoras la tecnología es un reto. Con el actual marco de regulaciones, de ortodoxia económica y de relaciones de poder entre trabajadores/as y empleadores, la tecnología no será utilizada para beneficio de los trabajadores/as, por lo que si los jóvenes quieren mejorar sus condiciones laborales y que sus derechos sean respetados, tendrán que luchar por un amplio abanico de cambios que les permitan controlar qué papel juega la tecnología y cómo se puede utilizar. 

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