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Los trabajadores y las trabajadoras del transporte exigen a los Gobiernos que retomen la acción climática tras la COP26

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La COP26 ha dejado una cosa clara: la lucha mundial de los sindicatos por la justicia climática reviste hoy más importancia que nunca, vistos los deficientes resultados de la conferencia sobre el clima de Glasgow.

La principal misión de la COP26 consistía en presentar un plan creíble para limitar a 1,5 °C el aumento de la temperatura en el planeta. El Pacto Climático de Glasgow, acordado por todas las partes, reconoce la magnitud de la crisis climática, pero carece de medidas concretas para paliarla, lo que nos encamina hacia un aumento de la temperatura de 2,4 °C en 2050, de consecuencias devastadoras para la humanidad y el planeta.

La brecha de la financiaciónUna de las carencias más graves de la cumbre de Glasgow es la falta de apoyo económico para el Sur Global, sobre todo en lo relativo a la adaptación, la mitigación y las pérdidas y los daños ocasionados por los efectos del cambio climático. En 2009, los países del Norte Global se comprometieron a movilizar 100 000 millones de dólares para la adaptación (por ejemplo, la construcción de infraestructuras —como los diques costeros— que protejan contra los peores impactos del cambio climático) y la mitigación (como las infraestructuras de las energías renovables). No obstante, este objetivo de financiación se ha incumplido cada año.

Los países del Sur Global acudieron a la COP26 con una nueva reivindicación: financiación para compensar las pérdidas y los daños que están sufriendo los países que ya están experimentando los catastróficos efectos del cambio climático. Sin embargo, el Pacto Climático de Glasgow no alcanzó ningún compromiso concreto.

“La brecha en materia de financiación constituye uno de los fracasos más sonoros de la COP26. A los países del Sur Global se les están negando los fondos que necesitan con urgencia para proteger a sus poblaciones y salvaguardar a las generaciones futuras”, afirmó Stephen Cotton, secretario general de la ITF, a su regreso de la conferencia.

El transporte es uno de los ámbitos más importantes que requieren inversiones, tanto para la construcción de infraestructuras de transporte público —imprescindibles para reducir las emisiones a largo plazo— como para la reparación de los puertos y las vías férreas destrozados como consecuencia de eventos climáticos extremos.

“Los Gobiernos deben convertir las vagas promesas del Pacto Climático de Glasgow en acciones concretas. De lo contrario, estará en juego la vida de millones de personas, y no podemos permitir que el peso del cambio climático recaiga sobre los habitantes de las naciones más pobres”, indicó Cotton.

El transporte, en la dianaEl transporte emite el 25 % de los gases de efecto invernadero. Transformar las industrias del transporte dependientes de los combustibles fósiles constituye uno de los principales desafíos de nuestro tiempo, pero las industrias del transporte sin emisiones de carbono del futuro pueden traernos parte de la solución.

“En Glasgow percibimos una mayor sensación de urgencia entre algunos Gobiernos y empresas del sector del transporte; tenemos que aprovechar esta oportunidad para abordar en serio la descarbonización del transporte”, declaró Cotton.

La ITF anunció en Glasgow la creación del Grupo de Trabajo Marítimo por una Transición Justa, en colaboración con la Cámara Naviera Internacional (ICS), el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Marítima Internacional (OMI).

“Este es un ejemplo de cómo deberían abordar la transición justa todos los sectores del transporte”, señaló Cotton. “El grupo de trabajo garantizará que la voz de la gente de mar sea tomada en cuenta en todo lo relativo al empleo y las cualificaciones a lo largo de esta transformación en la que está embarcado el sector, la mayor de su historia. Es fundamental que la voz de los trabajadores y las trabajadoras esté presente en la mesa”.

Junto con la agrupación C40 Cities, su aliada en la campaña “El futuro es el transporte público”, la ITF lanzó un llamamiento a los Gobiernos de todo el mundo para que dupliquen el volumen de viajes en el transporte público de aquí a 2030 y promuevan una transición justa hacia un transporte público con cero emisiones.

A través de esta campaña, un nutrido grupo de alcaldes, trabajadores, sindicatos, autoridades del transporte, instancias reguladoras y organizaciones de la sociedad civil advirtió a los líderes mundiales que “apenas queda tiempo” para realizar las inversiones en el transporte público imprescindibles para que las naciones y el mundo en su conjunto cumplan el objetivo de emisiones que limite a 1,5 °C el aumento de la temperatura.

“No podemos permitirnos obviar el papel fundamental que el transporte público debe y puede desempeñar para alcanzar los objetivos climáticos. Aumentar el acceso a un transporte público de calidad, así como su disponibilidad, requiere una transición justa y equitativa. Todos los niveles de gobierno deberán aunar esfuerzos y liberar a lo largo de la próxima década la financiación estatal necesaria para materializarla y crear decenas de millones de empleos decentes en todo el mundo”, declaró John Mark Mwanika, presidente del Comité de Transporte Urbano de la ITF.

Sin embargo, la COP26 acaba de mostrarnos que hay planteamientos sobre el transporte muy dispares. La presidencia británica de la COP puso el foco en los coches eléctricos, pero no priorizó el necesario cambio modal hacia el transporte público por carretera y ferroviario. La declaración sobre la aviación supone un importante paso adelante, al reconocer que la aviación debe alinearse con el objetivo de París de 1,5 °C, pero el sector necesita con urgencia incluir a la fuerza laboral en el debate.

“El personal del transporte debe ser el centro alrededor del cual gire la lucha por la justicia climática y por una transición justa en nuestras industrias. Ha llegado el momento de movilizarse por el horizonte verde en el transporte marítimo, por un transporte ferroviario seguro y sostenible, por un futuro donde reine el transporte público y por que el transporte de cero emisiones de carbono represente una oportunidad para los trabajadores y las trabajadoras del sector”, añadió Cotton.

Los planes climáticos revisados deben primar la transición justa Uno de los resultados más importantes de la COP26 es que todos los países deberán revisar antes de 2022 sus respectivos planes nacionales de lucha contra el cambio climático, también conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC). Los planes revisados deben incluir objetivos específicos sobre cómo reducir las emisiones en un 45 % de aquí a 2030.

El Pacto Climático de Glasgow también dispone que todos los países deben asumir, en sus planes a largo plazo, compromisos explícitos sobre la transición justa. Sin embargo, es preciso avanzar más para asegurarnos de que la acción climática incorpora una transición justa para los trabajadores y las trabajadoras.

En el transcurso de la conferencia, más de 147 organizaciones sindicales afiliadas a la ITF de 36 países respaldaron este llamamiento e instaron a sus Gobiernos a incluir en sus NDC medidas de transición justa sólidas para el transporte.

“Los sindicatos del transporte han puesto sobre aviso a sus Gobiernos. La transición no puede producirse sin un papel activo de la fuerza laboral. Los trabajadores y las trabajadoras deben estar presentes en la mesa. Esperamos compromisos concretos sobre la transición justa, así como planes creíbles para la descarbonización de cada sector del transporte, que deben incluir compromisos específicos acerca de la juventud y las mujeres trabajadoras”, concluyó Cotton.

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