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Las empresas deben aprovechar las oportunidades para hacer cambios de tripulación en el Reino Unido y otros lugares

15 Sep 2020

La repatriación de siete tripulantes birmanos que se encontraban a bordo de un buque de propiedad coreana a través del Reino Unido demuestra que sigue siendo posible relevar a los marinos durante la crisis del cambio de tripulaciones, aunque se requiere la determinación de sus empleadores, declaró Tommy Molloy, inspector de la ITF con base en Liverpool.

Los tripulantes del MV Hyundai Tacoma se comunicaron con la ITF para solicitar asistencia para ser repatriados tras haber finalizado sus contratos de trabajo. En vista de las dificultades para llevar a la tripulación de regreso a su país, la naviera HMM Ocean Services quería que la tripulación extendiera sus contratos.

Molloy explicó la situación: “La solicitud de ayuda original la recibió mi colega Shwe Tun Aung, inspector de la ITF en Houston (Estados Unidos). El Hyundai Tacoma tenía previsto hacer escala en Southampton, y había siete tripulantes que no deseaban continuar a bordo del buque”.

Además de trabajar con el armador y la empresa encargada de la gestión del buque, para concretar la repatriación de los marinos suele ser necesario comunicarse con los organismos gubernamentales del Estado rector del puerto (en el que atracará la embarcación) y del Estado de abanderamiento (en el que se encuentra registrado el buque).

Molloy envió un mensaje por correo electrónico al registro del Estado de abanderamiento de las Islas Marshall en el que se encuentra inscrito el Hyundai Tacoma y luego hizo lo propio con la Autoridad Marítima y de Guardacostas del Reino Unido (MCA).

Asimismo, se puso en contacto con la Embajada de la República de la Unión de Myanmar en Londres para ponerlos al tanto de la difícil situación de los marinos.

Explicó a las autoridades gubernamentales y a los propios representantes de HMM Ocean Services que la tripulación necesitaba abandonar el navío durante su atraque en Southampton.

“Sin contrato, o sin prórrogas de contrato, la permanencia de los marinos a bordo del buque sería ilegal. Y al estar embarcados en esas condiciones, sin la protección de un contrato de trabajo, es discutible si los marinos están cubiertos por el seguro. Y es cuestionable si el buque está cumpliendo con los requisitos de dotación de seguridad. 

“A pesar de las verdaderas dificultades que muchos actores de la industria están teniendo a la hora de organizar los cambios de tripulación, la empresa se dio cuenta de que no tenía mucha más alternativa que trabajar enérgicamente para que los tripulantes pudieran dejar el barco y hacer todo lo posible para llevarlos a casa”, señaló Molloy.

Los tripulantes fueron relevados el 30 de agosto en Southampton, pero el asunto distaba mucho de estar resuelto.

Molloy añadió: “La embajada informó que, si bien no había vuelos comerciales hacia Birmania, había «vuelos de rescate» con disponibilidad limitada de asientos. El primer vuelo que podían conseguirles a los siete tripulantes no partiría hasta el 21 de septiembre”.

“Hizo falta mucha comunicación entre las distintas partes para finalmente confirmar las reservas. Pude comunicarme con mis contactos en la fuerza fronteriza del Reino Unido (UK Border Force) —con quienes establecí una excelente relación de trabajo—, y los tripulantes recibieron la autorización para permanecer en territorio británico hasta que pudieran abordar su vuelo”.

Molloy indicó que la empresa ha conseguido alojamiento para la tripulación en un hotel de Southampton hasta la fecha del vuelo. Si bien el retraso es más que indeseable, Molloy afirmó que la comunidad marítima de este puerto del sur de Inglaterra estaba cuidando de los siete marinos de Birmania.

“Me comuniqué con el Centro Stella Maris de Southampton y los están cuidando muy bien, manteniéndolos ocupados todos los días con salidas, asegurándose de que se mantengan en contacto periódico con sus familias y demás”, agregó.

“Lamentablemente, muchos operadores consideran que su primera y única opción es insistir en que los tripulantes acepten extender sus contratos. En algunos casos, la prórroga podría ser terrible para su propia salud mental y su bienestar físico. Todos y cada uno de los tripulantes tienen derecho a rechazar las extensiones y exigir que se respete su derecho a ser repatriados con gastos a cargo de sus empleadores; nadie puede obligarlos a trabajar en 2020”.

Según Molloy, “más tripulantes deben imponerse y negarse a extender sus contratos”.  

“Fue así como los marinos del Hyundai Tacoma lograron estar disfrutando ahora de un merecido descanso y esperando con ansias volver a ver a sus familias, en lugar de continuar trabajando en un estado de agotamiento y frustración que pareciera no tener fin”, señaló Molloy.

“Este caso muestra que, a pesar de las dificultades reales que experimentan muchas empresas, es posible organizar las repatriaciones cuando existe la voluntad de hacerlo”.

Molloy ha advertido a otras compañías en los últimos meses que aprovechen la oportunidad de realizar cambios de tripulación al hacer escala en los puertos británicos.

“Para mí es muy simple: si el contrato de un marino ha vencido y no quiere firmar una extensión, tiene derecho a ser repatriado. A partir de ese momento, es problema de la empresa y no del marino, que ya ha cumplido con su parte”.