Comentario: ¿Más fuertes que nunca?
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David Cockroft explica cómo los grandes cambios que ha atravesado la estructura del sindicalismo mundial han impulsado la unidad y la fuerza potencial del movimiento
A finales de 2006 y principios de 2007 hemos sido testigos de varios cambios históricos en el movimiento sindical mundial que van a dejar más de una noche en vela –así lo esperamos- a esos empleadores hostiles a los sindicatos.
Todo comenzó con una serie de congresos celebrados en Viena en noviembre y diciembre, en los que se disolvió la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, la principal organización internacional que reúne en su seno a las confederaciones sindicales nacionales.
La CIOSL, creada en 1949, siempre ha mantenido unas relaciones muy estrechas con la ITF. De hecho, de la ITF procedían sus dos primeros secretarios generales, Jaap Oldenbroek y Omer Becu, que, durante los primeros años de vida de la organización, dirigieron la construcción de un movimiento sindical poderoso, independiente e internacional. La CIOSL se disolvió no porque las cosas fueran mal, sino porque varias confederaciones nacionales que siempre se habían mantenido al margen de sus filas decidieron que había llegado el momento de unificarse. Por esa razón, el mismo día en que se disolvió la CIOSL hizo lo mismo la Confederación Mundial del Trabajo, una organización más pequeña aunque importante, que representaba a confederaciones sindicales procedentes de la tradición “cristiana” del sindicalismo. En ese momento, varias centrales que habían permanecido al margen de cualquier familia sindical internacional, se unieron a la nueva agrupación unificada.
Una nueva organización mundial
El día después de que la CIOSL y la CMT desaparecieran, nacía una nueva organización que, a pesar de los numerosos esfuerzos por inventar un nombre más sugerente, fue denominada Confederación Sindical Internacional (CSI).
La ITF estuvo representada en el congreso fundacional de la CSI en Viena por su presidente electo, Randall Howard, y por su secretario general, David Cockroft. Allí se encontraban, además, numerosos sindicatos afiliados a la ITF dentro de sus respectivas delegaciones nacionales.
La nueva confederación aprobó un programa de trabajo que preconiza un cambio en la globalización. Una de las primeras tareas del Consejo General electo fue ratificar un acuerdo alcanzado previamente entre la CIOSL, la Comisión Sindical Consultiva ante la OCDE (TUAC) y las federaciones sindicales internacionales, entre las que se encuentra la ITF. Dicho acuerdo dispone la creación de un Consejo de los Global Unions, pacto que fue previamente ratificado por el Comité Ejecutivo de la ITF en su reunión de abril de 2006.
El establecimiento del Consejo de los Global Unions, cuya reunión oficial tuvo lugar en Bruselas en enero de 2007, representa un segundo cambio de envergadura en las relaciones sindicales internacionales.
En la mencionada reunión de Bruselas, a la asistieron nuestro nuevo el presidente y el secretario general de la ITF, el Consejo eligió a su primer presidente, Fred Van Leeuwen, de Educación Internacional y, como vicepresidenta, a Anita Normark, de la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y de la Madera. Asimismo, se acordó nombrar como secretario del Consejo al secretario general de la CSI, Guy Ryder.
Prioridades de acción
La reunión mantuvo un debate general sobre las funciones del Consejo, y decidió que debía centrarse en potenciar la sindicalización y el reconocimiento sindical y, en especial en las compañías multinacionales, lo cual se inscribe perfectamente en las líneas marcadas por el programa aprobado en el Congreso de Durban de la ITF.
Otras de las prioridades para la actuación conjunta de los sindicatos mundiales, identificadas por la reunión, fueron: la financialización (el rol creciente de las inversiones de capital riesgo); las repercusiones del cambio climático sobre el empleo; la transformación de las relaciones de empleo, la subcontratación y el trabajo informal; el apoyo a los servicios públicos y el VIH/SIDA. Además se decidió nombrar a un coordinador del Consejo que, aunque responderá conjuntamente ante todos sus miembros, trabajará en la sede de la CSI.
El tercer acontecimiento trascendental, y que afecta directamente a la ITF y a sus miembros, tuvo lugar en Bangkok en el mes de enero. El secretario general de la ITF asistió al Congreso de la FIOST, la división del transporte de la CMT, hasta la disolución de ésta. El prolongado proceso de negociaciones entre la FIOST y la ITF culminó con la aprobación en el Congreso de Durban de la ITF, en agosto de 2006, de una moción de emergencia en la que se apoya la unión entre ambas. El Congreso de la FIOST también aprobó una moción instando a la unión con la ITF.
Como resultado de este proceso, el Comité Ejecutivo de la ITF acordó acoger a los sindicatos de la FIOST que soliciten afiliarse a la ITF antes del próximo congreso de la ITF de 2010. También se han ultimado los preparativos para que un representante de la tradición FIOST asista a las reuniones del Comité Ejecutivo de la ITF, y se ha permitido a la FIOST designar a uno de los tres representantes de la ITF en el Consejo de los Global Unions.
Algunos sindicatos europeos de la FIOST ya son miembros desde 1999 del ala europea de la ITF, la ETF. Otros están empezando a estrechar las relaciones con sindicatos de la ITF tanto a escala nacional como regional.
Pero el mensaje que enviamos a la patronal es bien claro: si pretenden vencer dividiendo a las bases de los sindicatos, ¡olvídenlo!. Prácticamente todos los sindicatos del transporte democráticos en el mundo serán miembro de la ITF y contribuirán a que el potencial que tienen los sindicatos del transporte para influir en el proceso de globalización sea mayor que nunca.
David Cockroft es secretario general de la ITF.