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Contexto de página: Página principal > Revista 'Transporte Internacional' > Numéro 27 / abril 2007 > Vida Laboral
UNA SEMANA EN LA VIDA LABORAL DE JERZY TYCHOWSKI, MARINERO POLACO
Cuando llegué al puerto escocés cercano a Aberdeen y vi por primera vez el buque al que me habían asignado en Polonia, se me cayó el alma a los pies. ¿Dónde demonios me he metido esta vez?”, me dije. El casco, la cubierta, las brazolas de las escotillas y sus tapaderas estaban recubiertas por una gruesa capa de herrumbre. Su estado era tan deplorable que grandes láminas de oxido caían por su propio peso. El suelo de la bodega y de la proa estaba hundido. Y entre la proa y la sala de máquinas había un agujero que la tripulación había tapado con cemento.
Un equipo de mantenimiento reparaba el motor principal y soldaba varios materiales mientras la tripulación pintaba la embarcación. Pero para realizar esta última labor primero había que eliminar el óxido. Realizamos este ingrato trabajo en turnos de doce horas, utilizando dos perforadoras neumáticas y un chorro de agua a propulsión. Después de cinco días sólo habíamos conseguido desincrustar y pintar la proa. El tiempo no ayudaba mucho, ya que en Escocia, entonces, soplaban fuertes vientos y arreciaba la lluvia otoñal.
El primer día me reuní con el capitán. Era un hombre delgado, de largos cabellos grises recogidos en una coleta. Apoyaba sus gafas sobre una nariz aguileña y su mano sujetaba perennemente una lata de cerveza de medio litro. El hombre no podía vivir sin su “sopa reparadora” y daba cuenta de al menos 15 latas al día. Al lado de su cabina se apilaban veinte cajas de esta bebida. Éste era el hombre a quien se le había dado la responsabilidad de capitanear el buque y de velar por la seguridad de la tripulación.
Día 2
El capitán nos obligaba a trabajar durante nuestro tiempo de descanso y en domingo. Nos decía que lo ponía en nuestro contrato. En cuanto a la prima de 30£ por cabeza por trabajar en días de descanso, ni él ni el armador querían saber nada.
Día 3
Empezamos a trabajar a las 8.00 de la mañana. Bregamos con los martillos neumáticos y el chorro de agua a presión mientras nuestro capitán bebía una lata de cerveza tras otra. En cuanto nos deteníamos para descansar empezaba a insultarnos, nos amenazaba con hacer venir a la policía y nos faltaba al respeto. Cuanta más cerveza bebía, peores ofensas nos lanzaba. Finalmente, a las 18.00 horas, telefoneamos a la policía. Nos dimos cuenta de que, a partir de ese momento, nos había declarado una guerra sin cuartel. Antes de llamar a la policía telefoneamos a uno de los armadores y le informamos de la situación. Nos respondió que nos compraría de inmediato los billetes para volver a casa. Le comunicamos que contactaríamos con la ITF y contactaríamos con el guardacosta y con la agencia de seguridad marítima. La policía llegó a las 22.30.
Nuestro capitán estaba durmiendo cuando dos oficiales uniformados llamaron a la puerta de su cabina. Mientras tanto, nosotros, los cuatro polacos que formábamos la tripulación, esperábamos de brazos cruzados, contentos de que por fin se lo llevaran. Dos miembros de la tripulación poseían una licencia de capitán, aprobada por el gobierno británico. Imaginamos que uno de ellos relevaría al capitán, como nos había asegurado el armador. Pero nada de esto sucedió. Un policía nos informó de que nuestro capitán estaba sobrio. Sí, sobrio, ¡después de ingerir 17 latas de cerveza! Nos dijeron que el nivel de alcohol en su cuerpo no superaba los niveles de alcoholemia permitidos en Gran Bretaña. Podía incluso manejar un automóvil. Así que teníamos que seguir obedeciéndole porque el buque enarbolaba bandera británica.
Tras marcharse la policía a las 23.40, abandonamos el buque para evitar ser provocados por el capitán, que por entonces estaba empeñado en investigar quién había llamado a la policía. Nos dirigimos a la oficina del capitán del puerto y le pedimos el número de teléfono de la ITF, pero nadie sabía ayudarnos.
Día 4
Empezamos a trabajar a las 8.00 como de costumbre, pero durante los descansos teníamos que soportar el acoso psicológico puro y duro del capitán y del armador. Estoy afiliado a la rama de Kolobrzeg del sindicato Solidaridad, así que telefoneé a su oficina. Era sábado y saltó el contestador, pero en el mensaje grabado se ofrecía un número de teléfono de emergencia.
Resumiendo, pude contactar con el representante de la ITF en Gdynia. Le conté toda la historia y me dio el número de la sede central de la ITF en Londres. Llamé al inspector local de la ITF y coordinador de Escocia, quien se encargó de nuestro caso y nos dio instrucciones sobre lo que debíamos hacer.
Nos recomendaron permanecer a bordo del buque hasta el lunes, y no firmar ningún documento ni aceptar dinero. Si llegaba la policía, teníamos que darle el número de teléfono del inspector. A partir de ese momento, nos dijo, estábamos bajo la protección de la ITF.
Día 5
El domingo, a las 07.30, una de las armadoras se presentó acompañada por la policía. Dos coches celulares y seis agentes esperaban en el muelle. La armadora fue cabina en cabina gritando: “Hagan el equipaje, tienen un avión a las 9.30, les he encontrado un billete de avión barato”. Ni mencionó nuestro dinero.
Le informamos de que, siguiendo las instrucciones de la ITF, no íbamos a ir a ningún sitio, que permaneceríamos a bordo hasta el lunes y que a partir de ahora nos representaba la ITF. La representante del propietario intentó persuadir a los policías de que el buque no estaba bajo la jurisdicción del sindicato, sobre todo porque enarbolaba bandera británica.
Nada tenía sentido. La policía contactó con la ITF y pudo confirmar nuestra versión de los hechos. Nos desearon suerte y se marcharon. A esas alturas, la armadora comenzó a darse cuenta de que todo esto podía costarle mucho dinero. Acabó por entregarnos una carta de despido citando como razón: “Negativa a cumplir las órdenes del capitán, negativa a trabajar los domingos y poner en peligro el buque”.
Ella nos presionó todo el tiempo. Nos puso en contacto con la agencia que nos había contratado e intentó dividirnos ofreciendo mayores salarios a algunos de los miembros de la tripulación. Nos amenazó con incluirnos en una lista negra que nos impediría encontrar trabajo jamás. Pero nos mantuvimos unidos. Solidaridad no es sólo el nombre de un sindicato; es también la forma en que las personas actuamos en situaciones difíciles.
Día 6
A las 11.30, el inspector de la ITF y responsables de la MCA llegaron al puerto. Nosotros les esperábamos en el muelle. A pesar de que la armadora afirmó que se impediría subir a bordo al inspector, éste subió tranquilamente a cubierta. Después de conversar con nosotros presentó a la representante del propietario un conjunto de acusaciones, entre las que se encontraba la carencia de seguros y de contratos adecuados para la tripulación, tal y como dispone la ley británica. También quedaba claro que la razón del despido era improcedente: ni el capitán ni la armadora podían aportar ninguna prueba que demostrara que la tripulación estuviera obligada a trabajar los domingos. Además presentamos testigos que nos habían visto trabajando duro y al capitán tomando litros de cerveza: eran los miembros del equipo de mantenimiento y los soldadores, que nos apoyaron totalmente en nuestra protesta. Reclamamos nuestro salario en efectivo y una indemnización, además de los billetes de avión para volver a casa. En total, la cantidad ascendía a 17.000 £.
El inspector de la ITF comunicó a la armadora del buque que si no nos pagaba nuestro dinero el buque sería embargado, se cancelarían los contratos de carga y la cuestión sería aireada en los medios de comunicación.
Día 7
A las 10.00 la armadora llegó con el dinero y, bajo la supervisión de la ITF, nos distribuyó los pagos. A las 11.00 llegamos a nuestro hotel, que abonó la armadora. Queremos expresar nuestro agradecimiento a la rama Kolobrzeg de Solidaridad, al representante de la ITF en Gydnia y al inspector/coordinador de la ITF en el Reino Unido, por su gran ayuda.
Página inicial:
Numéro 27 / abril 2007
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