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Transporte Internacional Edición electrónica
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“El paraíso para mí era atravesar los Pirineos al volante de un camión de 40 toneladas”

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Rachael Webb*
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Rachael Webb*

RACHAEL WEBB, CONDUCTORA DE CAMIONES INTERNACIONALES Y SINDICALISTA, AFIRMA QUE SU AMOR POR LA LIBERTAD Y SU COMPROMISO POR EL SOCIALISMO INTERNACIONAL LA MANTIENEN EN RUTA

Entré en este mundo tan macho del transporte internacional por carretera el día internacional de la mujer de 1994. Durante 10 años he recorrido Europa al volante de un camión de 40 toneladas. Me encantaban estos viajes de tres o seis semanas seguidas, sin saber dónde o en qué país dormiría cada noche. Ahora tengo 66 años, estoy casi jubilada y sigo conduciendo en rutas nocturnas, a tiempo parcial. Aunque me sigo considerando camionera internacional.

Los camiones modernos tienen asientos con suspensión eléctrica fácilmente adaptables, igual que el volante. La cabina es hoy más confortable que el del automóvil más lujoso. Normalmente tienen control de velocidad y cambio automático (la mayoría de los camiones tienen unas 16 marchas), aire acondicionado y lector de CDs. A mí me encanta Wagner y solía escuchar las 16 horas completas de El Anillo de los Nibelungos entre Calais o Cherburgo y algún lugar de España.

El paraíso para mí era atravesar los Pirineos al volante de un camión de 40 toneladas, sintiendo a mis pies relinchar los 450 caballos del motor. Solía conducir descalza, algo bastante sensual. Me entristece que todo esto pertenezca ya al pasado. Es verdad que puedo volar a las costas españolas por apenas 25£, pero no es lo mismo que llegar en camión.

Obtuve mi licencia en 1973 pero, por razones familiares, me trasladé a los suburbios del sur de Londres en 1983. Encontré empleo en el Departamento municipal de la vivienda y fui elegida concejal en el Ayuntamiento.

Se podía decir que había triunfado en la vida: tenía trabajo y una pensión garantizada, pero algo dentro de mí me tentaba a lanzarme a los camiones internacionales. Empecé conduciendo mi propio camión, pero fui a la bancarrota. Pero uno de mis clientes me compró un camión Scania y me pagó por realizar las rutas por España.

Un trabajo duro

Tuve que sobrevivir en un entorno en el que muy pocos conductores pertenecen a un sindicato. Creo que llegué a la bancarrota porque no podía soportar la falta de sueño, algo que consigue la mayoría de los compañeros en el transporte internacional por carretera. Muchos instalan un interruptor en el tacógrafo para simular que han hecho una pausa cuando, en realidad siguen conduciendo. Quitan el fusible del limitador de velocidad y carburan con “jugo de cerezas”, un combustible diesel libre de impuestos que cuesta un tercio del combustible con impuestos. La mayoría de los camiones gastan alrededor de un litro cada tres kilómetros y, según la ley, una jornada de trabajo no se debe prolongar más de 800km, aunque la mayoría hacen muchos más.

Es típico cargar, conducir, descargar y volver desde el Norte de Irlanda hasta, por ejemplo, Taranto, en el Sur de Italia, durmiendo solo durante la carga y la descarga. No digo que todas las compañías sean así, pero siendo un camionero-propietario, si no estás dispuesto a llevar la carga donde y cuando te dice el agente, te quedas sin trabajo. Permanecerás en algún lugar de España, o donde sea, cavilando cómo reembolsar tu camión (uno nuevo cuesta unos 140.000$) y su trailer (unos 34.000$ un semi trailer básico).

Pertenezco al sindicato Transport and General Workers’Union desde 1968. Me decidí a implicarme después de estar sentada un día en el Mercado de Spitalfields en Londres con 23 toneladas de cebollas procedentes de Zaragoza, hablando con dos conductores de Willi Betz búlgaros. Ellos realizaban el mismo trabajo que yo, pero con el doble de tripulación, y por menos de 100£ a la semana. Dos de ellos vivían en una cabina del tamaño de una celda de prisión durante tres meses seguidos y trabajaban 20 horas como mínimo al día. Se lo comenté a otro conductor internacional y publicamos un folleto que decía: “¡échale la culpa a Willi Betz, no a los conductores!”.

Mi actividad sindical es muy importante para mí. Soy delegada de un grupo regional de camioneros y miembro del Comité Regional de la Mujer, además del grupo de trabajo regional sobre trabajadores gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. “Fui delegada en las ultimas dos conferencias del partido laborista y en la última conferencia semestral de delegados de mi sindicato”.

Campaña

Participo con conductores internacionales sindicados de Letonia, Lituania, Estonia, Polonia, Alemania, Suecia, Dinamarca y la República de Irlanda en lo que denominamos “Proyecto báltico”. Estamos luchando por la igualdad de salarios y condiciones de trabajo para los conductores de camiones en toda la Unión Europea. Hemos obtenido fondos comunitarios para organizar una serie de conferencias en 2005, y esperamos seguir avanzando en esta labor. También he sido delegada de la TGWU en la conferencia de la ITF de las mujeres trabajadoras del transporte, que se celebró en Londres en septiembre de 2005.

La forma de abordar el problema de la mano de obra que trabaja por salarios y condiciones inferiores a los nuestros, es luchando contra cualquier tipo de racismo y de chovinismo nacional. Es decir, necesitamos el principio tradicional del internacionalismo proletario, y no los nacionalismos.

Otro problema importante en el Reino Unido es que el Parlamento Británico ha adaptado leyes europeas como el Reglamento 3820 (sobre el tacógrafo) y la “semana laboral de 48 horas”, permitiendo “periodos de disponibilidad”que no cuentan como tiempo de trabajo. Esto significa que seguimos trabajando 16 horas o más al día. Algunas compañías hacen chanchullos; sé de empresas que pagan a sus conductores por trabajar dos, e incluso tres días con sus noches sin dormir, al volante de un camión de 40 toneladas. Debemos detener esto.

¿Mis esperanzas para el futuro? No han cambiado desde que participé en el piquete nocturno frente a Dow Chemicals, en King’s Lynn, Norfolk, durante la huelga de conductores de camiones de 1979. Una de las noches de invierno más frías que recuerdo. Si intentabas acercarte al brasero te quemabas, si te alejabas un centímetro, tiritabas de frío.

En ese piquete participaba un camionero a punto de jubilarse. Uno de los conductores más jóvenes le dijo: “Márchate a casa abuelo, a acostarte o a sentarte frente a la chimenea. De todas maneras te vas a jubilar el mes que viene y vas a recibir una pensión. Esta no es tu guerra”.

Este “abuelo”dio una bocanada a su pipa y le respondió: “He esperado toda mi vida a que los camioneros se unan. Ahora que ha llegado ese día no me voy a quedar en la cama durmiendo”. Ése es mi sueño para el futuro; que los camioneros demuestren su solidaridad unos con otros. Y no rivalicen como machos compitiendo por demostrar cuánto pueden aguantar sin dormir y cosas por el estilo.

 

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ITF House, 49-60 Borough Road, London SE1 1DR  |  +44 20 7403 2733   |  mail@itf.org.uk
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