Unidos frente a la intimidación
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Ochieng’ Ogodo expone una nueva iniciativa transfronteriza entre los sindicatos del transporte por carretera de áfrica oriental.
Un conductor pisa el freno de su camión a la altura de Salgaa, en la autopista entre Nairobi y Nakuru. El enorme y polvoriento vehículo hecho para transportar mercancías a larga distancia se detiene a duras penas. Un ojeroso camionero sale de la cabina donde ha pasado doce horas seguidas, desde que salió del puerto de Mombasa, y mira a su alrededor buscando dónde descansar.
Mombasa es la puerta principal por la que las compañías extranjeras acceden a África Oriental, y el corredor de transporte de tránsito del norte. Aquí comienzan los enlaces ferroviarios y las carreteras que unen el puerto con algunos países de la región.
Por esta ruta transitan los transportistas que llevan mercancías hasta Uganda, Ruanda, Burundi, República Democrática del Congo (RDC), Norte de Tanzania, Sur de Sudán y, dentro de poco, Etiopía. Es una forma dura de ganarse la vida. Los salarios suelen ser bajos, los contratos precarios y escasos los derechos y prestaciones de los trabajadores, si los hay.
Los conductores sufren permanentemente el acoso, la intimidación y las extorsiones de los agentes de la policía y de las fronteras. Apenas hay lugares donde descansar o distraerse durante los largos viajes y, con frecuencia, se ven obligados a trabajar en condiciones inseguras, por ejemplo, sobrecargando sus camiones.
"Entre los objetivos de la iniciativa, cabe destacar la eliminación de los tediosos procedimientos de despacho de aduanas, que multiplican los retrasos, y la corrupción"
En un esfuerzo por transformar la situación, las asociaciones y sindicatos que representan a los camioneros de larga distancia, apoyados por la ITF, han iniciado un proyecto de colaboración novedoso.
Colaboración en el corredor
En los años ochenta, Kenia, Uganda y Tanzania firmaron el Acuerdo del Corredor de Tránsito del Norte, nacido con el objetivo de erradicar las barreras que impedían el flujo de mercancías y de pasajeros en la región. Este corredor, que se prolonga a lo largo de 7.000 km y llega hoy hasta Kisangani, en la RDC, es hoy el eje que vertebrará los esfuerzos por mejorar las condiciones de trabajo de los transportistas que lo utilizan.
La iniciativa ha sido suscrita por la ITF y por varias organizaciones, a saber: Kenya Long Distance Truck Drivers Association (KLDT-DA), Amalgamated Transport and General Workers Union of Uganda, Uganda Long Distance and Heavy Truck Drivers Association y la Communications and Transport Workers Union of Tanzania.
En junio de este año estos colectivos celebraron un taller conjunto en Nairobi –patrocinado por la ITF y por el Centro Estadounidense de Solidaridad Laboral– en el que evaluaron el grado de cumplimiento de las normas laborales en el corredor por parte de gobiernos, empleadores y trabajadores.
Los participantes en las jornadas firmaron un memorando de entendimiento para cimentar tanto sus relaciones como la cooperación intersindical a desarrollar en la lucha por mejorar las condiciones de trabajo de los transportistas de larga distancia.
Entre los objetivos de la iniciativa, cabe destacar la eliminación de los tediosos procedimientos de despacho de aduanas, que multiplican los retrasos, y la corrupción en puntos como Malaba y Busia, en la frontera entre Kenya y Uganda; Namanga, en la frontera entre Kenia y Tanzania; Gatina, en la frontera entre Ruanda y Uganda y Kasese, el punto de salida entre Uganda y la RDC.
“Los retrasos provocan también cambios en el comportamiento social de los transportistas. Durante las interminables esperas salen a matar el tiempo y buscan, por ejemplo, relaciones sexuales promiscuas. Esto ha llevado a muchos conductores y a sus familias a contraer el VIH”, afirma el secretario general adjunto de la ITF Joseph Katende.
El memorando rubricado pone las bases para un proceso de colaboración encaminado a garantizar la mejora de las condiciones de los servicios y velar por el respeto de los derechos humanos y laborales.
Las organizaciones participantes se han comprometido, por ejemplo, a denunciar la corrupción que detecten sus miembros. También se apoyarán mutuamente en un esfuerzo por educar e informar a los camioneros sobre el VIH/SIDA, una enfermedad que se ha convertido en un problema crítico en el sector.
Mientras las autoridades se mantengan insensibles al respecto, se van a continuar convocando manifestaciones pacíficas en protesta contra las malas condiciones de trabajo y el maltrato infligido por los agentes policiales desplegados a lo largo de la ruta.
La oficina regional de la ITF ha decidido aprovechar la Semana de Acción del Transporte por Carretera de la ITF, que se celebra del 9 al 15 de octubre, para concienciar a los conductores y a quienes se benefician de sus servicios sobre los derechos laborales y la realidad de estos trabajadores.
“Vamos a organizar manifestaciones, debates en la radio, mesas redondas en televisión y conferencias públicas sobre el transporte, con el objetivo de comunicarnos con la opinión pública”, afirma Katende.
Como en años anteriores, todos los sindicatos que forman parte de la iniciativa respaldan la jornada de acción a través de acciones individuales y colectivas. En Uganda, por ejemplo, el sindicato espera reunir a agentes de aduanas, policías, conductores y ciudadanos en puntos fronterizos y también buscar formas de apoyar a sus colegas del otro lado de la frontera.
La cooperación en esta zona no es algo nuevo, tal y como explica David Baliraine, secretario general del Amalgamated Transport and General Workers Union of Uganda: “El año pasado celebramos una semana de acción conjunta reuniéndonos en puntos fronterizos. Nuestros representantes sindicales se trasladaron a Nairobi para apoyar a la Asociación Keniata en su lucha por ser reconocida como sindicato”.
Necesidad urgente de un enfoque común
La cooperación entre los sindicatos del transporte de la región ha generado un ímpetu que se antojaba imprescindible para poder abordar los problemas derivados de la ausencia de contratos de empleo, que hace extremadamente difícil representar casos individuales.
Los sindicatos creen que no son precisos tantos controles policiales de carretera, por ejemplo, desde Mombasa a Kisangani y Bujumbura, que en realidad funcionan como puestos de peaje no oficial donde los agentes sobornan a los conductores.
En todas las básculas de puente la corrupción campa por su respetos, a pesar de la leyes en vigor. Los empleadores sobrecargan deliberadamente los camiones y dan a sus conductores dinero para sobornar a los agentes, que entonces miran hacia otro lado. De este modo, los transportistas no sólo inflingen las leyes, sino que ponen en peligro sus vidas ante el riesgo de que pinchen un neumático.
Los conductores no pueden decir nada sobre el peso de la carga que transportan. Con frecuencia ni siquiera saben de qué mercancía se trata, y menos aún cuánta. Otro obstáculo que encuentran es la existencia de diferentes códigos de tráfico nacionales, que en ocasiones provocan confusión en los camioneros. Cuando se les acusa de cometer infracciones de tráfico o, aún más grave, de hacer una declaración falsa de mercancías, los conductores se encuentran sin representante legal. En caso de accidente no tienen seguro médico o de vida que les cubra.
Los sindicatos y asociaciones colaboradoras están presionando a sus respectivos gobiernos para que armonicen los códigos de circulación y la legislación en la región. Además, está el tema de la discriminación debido a la falta de una política de empleo homogénea en el corredor. Tal y como observa Baliraine de Uganda, “la única forma de eliminar las injusticias en las políticas laborales es armonizar la política a escala regional”.
Por ejemplo, una compañía de transporte de Uganda puede favorecer a conductores keniatas que ofrecen mano de obra barata, ya que el salario medio mensual en Kenia ronda los 10.000 shillings (equivalente a 138$). Al mismo tiempo, algunas compañías de Kenia favorecen a los conductores de Tanzania o incluso de Uganda porque aceptan salarios más bajos. De esta forma, los transportistas de cualquier país de la región pueden resultar más atractivos para los empleadores ya que, en general, demandan salarios inferiores y se muestran menos dispuestos que sus homólogos nacionales a quejarse si tienen que trabajar de 18 a 20 horas sin descanso.
De manera similar, son más proclives a aceptar el despido de los ayudantes del conductor, una nueva tendencia observada entre los propietarios de camiones. En la actualidad está creciendo el número de conductores que se enfrentan en soledad a la realización de tareas para las que son necesarias dos personas, como cambiar una rueda; además, son más vulnerables ante las agresiones de ladrones, que acechan en aquellos puntos clave de las carreteras, como los lugares con baches o las zonas cuesta arriba, donde aprovechan para desvalijar los contenedores.
Los transportistas sufren graves discriminaciones en países extranjeros. En caso de accidente e incluso de asalto se les exige normalmente que paguen una tremenda multa para escapar sin culpa. Los sindicatos de la región saben también de casos en los que estos conductores han fallecido en misteriosas circunstancias después de los accidentes.
Hacia la protección regional
En la década de los ochenta la ITF estableció unas tarjetas de identificación internacional para los conductores, destinados a facilitar la cooperación entre las organizaciones sindicales que deseaban ayudar a aquellos transportistas que trabajan fuera de sus países de origen, algo que les impedía contactar con sus sindicatos nacionales. Pero el sistema ha caído en desuso debido a las dificultades de coordinación y administración intersindical.
Esta nueva era de colaboración podría impulsar el uso de las tarjetas de identificación u otro mecanismo que ayude a los conductores a recibir ayuda de los sindicatos de la región cuando viajen más allá de sus fronteras. Pero, para ello, debe fortalecerse la afiliación y las estructuras de los sindicatos, así como la cooperación con otras organizaciones sindicales. Tal y como explica Katende, “para que el sistema funcione, los conductores deben unirse en gran número a organizaciones sindicales mejor organizadas”.
Hasta entonces, los sindicatos que ha suscrito el memorando se han comprometido, en la medida de lo posible, a ayudar a sus respectivos miembros (que lleven una tarjeta que les identifique como miembro de la asociación o del sindicato en cuestión) en caso de accidente, hostigamiento u otros problemas.
La oficina regional de la ITF ha expresado su disposición a ofrecer “apoyo técnico e intelectual a estos sindicatos, en su esfuerzo por unificar y abordar estos problemas”.
Ochieng’ Ogodo es un periodista con sede en Nairobi especializado en derechos humanos y laborales.