Casos concretos
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Atrocidades contra pescadores chinos
El 26 de septiembre de 2005 seis pescadores chinos desertaron de su embarcación en la Samoa Americana. Durante varios días se escondieron en las montañas por temor a que les capturara el capitán. Pidieron ayuda al agente de su compañía, pero no recibieron ningún consejo. La policía les dio de lado y acabaron refugiándose en el Centro de marinos de Pago Pago, que alertó a la ITF sobre lucha.
Los hombres relataron el calvario de malos tratos extremos sufridos por los tripulantes del Tunago 61, en el cual “eran golpeados cada día de forma sistemática” a capricho del patrón y de su hermano, el maquinista jefe. Además, el primero de ellos les amenazaba de muerte, les decía que llevaba un arma y que podía fácilmente eliminarles pretextando “que habían caído por la borda”.
Uno de los trabajadores fue golpeado con una barra de acero que le provocó heridas graves en la cabeza y, a pesar de que sangraba profusamente, fue encerrado en la proa durante tres días, sin comida ni agua. Había cometido el delito de pedir permiso para bajar del barco.
Otro pescador, al que pillaron charlando con un colega, fue arrastrado por el pelo y golpeado varias veces en la cara. El maquinista jefe siguió golpeando al hombre con un palo de madera en las piernas, el estómago y la espalda.
Por no haber fijado con firmeza el cebo en todos los anzuelos antes de lanzarlos al mar, a un joven pescador le asestaron varios puñetazos en la cara y después recibió una patada en la cabeza tras caer sobre la cubierta. Como castigo, este pescador tuvo que continuar introduciendo carnadas y trabajando sin descanso durante casi 48 horas.
Fuente: Dr. Christopher Evans, director del Centro de Marinos de Pago Pago.
Explotación despiadada
El miércoles 14 de septiembre de 2005, diez pescadores indonesios saltaron la valla de seguridad de la compañía portuaria de Port Nelson, Nueva Zelanda, buscando protegerse de los abusos y de las condiciones inhumanas que padecían a bordo del Sky 75, un pesquero coreano de más de 30 años de antigüedad.
Además de sufrir insultos y malos tratos constantes, la tripulación debía faenar durante jornadas excesivas. Les alimentaban con alimentos caducados y les daban carne y verduras podridas. Hacinaban hasta doce personas en una misma cabina, sin mantas; y para lavarse les decían que se pusieran en cubierta y se “ducharan” con las olas. Carecían de servicios médicos a bordo o de vestimenta de protección. Los tripulantes relataron que a uno de ellos le aplastó el brazo una maquina y se le obligó a seguir trabajando sin recibir tratamiento.
Además de la indignidad y de las incomodidades de sus condiciones de trabajo y de vida, la tripulación llevaba sin cobrar su salario desde que zarparon, en julio de 2005. Cada miembro había pagado más de 600$ a una agencia de colocación de Yakarta para conseguir su empleo. El armador decía haber enviado sus modestos salarios, de 200$ mensuales, al agente de Yakarta para que a su vez lo trasladara a las familias de los pescadores. Pero esto jamás sucedió.
A pesar de las lamentables condiciones del Sky 75, ocho miembros de la tripulación decidieron permanecer a bordo. Habían tenido que pedir prestado el dinero que habían abonado a la agencia de empleo para conseguir su trabajo y temían volver a casa sin el dinero suficiente para liquidar sus deudas.
Fuente: Katty Whelan, Coordinadora de la ITF, Nueva Zelanda.
El "reino del terror"
El barco con bandera de Belice Salus atracó en Ronne, Dinamarca, el 17 de octubre de 2001 para congelar espadines y venderlos en el mercado ruso. En febrero del año siguiente, la ITF acudió a ayudar a los miembros de la tripulación, que contactaron con ella porque no habían recibido salarios desde que subieron a bordo, algunos de ellos hacía dos años.
En lugar de pagar a la tripulación, el director del operador del buque con sede en Kalinigrado se personó en Ronne amenazando con agredir a la tripulación y exigiéndoles la firma de una declaración en contra de la ITF.
Las amenazas iban en serio. El 3 de julio este hombre fue acusado por la policía de propinar un puñetazo a un inspector de la ITF e intentar tirarlo por la borda. Al día siguiente, miembros de la tripulación denunciaron a la policía que la compañía les amenazaba con la llegada inminente de unos trabajadores que les “rebanarían los pulmones y les harían nadar en su propia sangre” si no cooperaban.
Efectivamente, llegaron dos hombres buscando trabajo como marineros. Tras volver de entrevistarse con un responsable de la ITF, uno de los tripulantes fue empujado por uno de los nuevos empleados mientras el director gerente y su guardaespaldas le impedían escapar del buque. Le patearon y golpearon en cubierta y después le trasladaron al puente, para que no le encontraran. Cuando llegó la policía, descubrieron al marinero encerrado en una cabina, amordazado y maniatado de pies y manos con cinta aislante. Tardaron cinco minutos en liberarle de sus ataduras, y estuvo a punto de morir asfixiado.
Fuente: Kjartan Gudmundsson, inspector de la ITF, Dinamarca.