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El revolucionario travieso

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Es famoso por ser testa rudo, franco y radical en sus opiniones. Pero Randall Howard ha aportado su sentido del humor y su encanto a la secretaría del sindicato sudafricano Transport and Allied Workers Union (SATAWU), anfitrión del Congreso que la ITF celebra en Durban en agosto. Por Ronnie Mamba

A Randall Howard le encanta reír. Siempre encuentra el lado divertido de casi todo. Se burla hasta de sí mismo, y así consigue suavizar su apariencia, de por sí bastante severa. Sin duda, esta cualidad le sirve de ayuda en una organización joven como SATAWU, nacida hace sólo cinco años de la fusión entre dos sindicatos del transporte: la Transport and General Workers Union (T&G) y la South African Rail and Harbour Workers Union (Sarhwu). Uno y otro tenían culturas diferentes, lo que podría haber ocasionado importantes tensiones si el proceso de integración no se hubiera gestionado con una buena dosis de mano izquierda.

Muchos coinciden en que la tenacidad y las agallas que ha demostrado Howard le han servido para gobernar la organización; y también aprecian su forma poco convencional de llevar las relaciones humanas y la política. A pesar de su estilo directo y franco, ha conseguido instaurar un clima de trabajo armonioso, algo encomiable en un país como África del Sur, donde un comentario descuidado basta para provocar un conflicto.

Nacido en Bonteheiwel, en Cape Flats, entonces una de las partes más conflictivas de Ciudad El Cabo, sus opiniones políticas radicales se formaron al amparo de la crudeza del tristemente famoso sistema apartheid que marcó su infancia.

Cuando tenía ocho años, sus padres abandonaron el peligroso barrio de Bonteheiwel, plagado de drogas, bandas y privaciones sociales; pero esto no le hizo escapar del todo de la realidad del apartheid: como todas las “personas de color”, era ciudadano de segunda clase.

Descalzo y saltándose las clases

Con pocos recursos, sus padres lograron establecerse en un barrio de clase media baja, Green Haven. Su padre como marino y su madre, en un taller de confección.

Randall estalla en carcajadas cuando recuerda los días en que prefería saltarse las clases a pasar la vergüenza de que sus compañeros descubrieran que había caminado hasta allí descalzo.

“Académicamente no tenía problemas, a pesar de que sufrí algunos castigos corporales severos”, afirma. Pero descubrió el deporte, y sintió que había encontrado su camino.      

“Yo era extremadamente competitivo de niño, y creo que sigo siéndolo hasta ahora. El fútbol y el atletismo se convirtieron en algo muy importante para mí: me aportaron el reconocimiento de mi entorno. A través del fútbol conseguí romper las barreras raciales. Me codeaba con los vecinos indios, con quienes compartíamos la calle. Incluso jugaba en su equipo”.

El delantero estrella del estupendo equipo de fútbol Moon Lighters FC (jugaba en séptima división) empezó a atraer la atención de las féminas. Se pavoneaba por su barrio utilizando sus encantos, hasta que se metió en problemas a la edad de 20 años, cuando su novia se quedó embarazada. Contrajeron matrimonio, pero la relación no duró.

Después de una serie de trabajos precarios en comercios y restaurantes, consiguió su primer “empleo de verdad” en un almacén de contenedores. Y allí, se convirtió en revolucionario.

Del futbol al sindicalismo.

“Al entrar en esta empresa me encontré una campaña en funcionamiento para reclutar a miembros para la Transport and General Workers Union, porque el jefe, un irlandés, era un bravucón y un racista”.

Randall se unió enseguida y, como era conocido como estrella de fútbol local, inmediatamente fue elegido delegado sindical. Pocos meses más tarde se convirtió en presidente del comité de delegados.

“Cuando convocamos una reunión para exigir nuestro reconocimiento, el director se puso lívido”, recuerda. “Las mesas saltaron por los aires e intercambiamos insultos. No podía creer que nos habíamos organizado bajo sus propias narices.

Finalmente, después de varios paros, acabó cediendo. Nos pidió disculpas y nos reconoció. Fue una gran victoria”.

“Esta experiencia me cambió la vida. Ahora que han pasado los años reconozco también que me confundió. Me tomé la lucha entre el jefe y yo como algo personal. Esto no me hizo ningún favor, porque cometí muchos errores en mi obsesión por vérmelas con él”.

Los buitres volaban en círculo sobre este activista arrogante que pensaba que no debía dar explicaciones a nadie. Acabó por ser despedido, la dirección emitió un informe tan exhaustivo que era obvio que no querían correr riesgos. Su reclamación fue rechazada de plano, a pesar de las protestas de los trabajadores.

El lado positivo de este episodio fatídico fue el apoyo demostrado por sus compañeros, que le dio la fuerza moral para seguir presionando. Y, lo que es más importante, le abrió los ojos para mirar más allá de la compañía South Africa Container Depot. La publicidad que recibió durante su lucha con la dirección le hizo conocido y, cuando abandonó la empresa, fue considerado lo suficientemente valiente y enérgico para hacer progresar la lucha del sindicato desde responsabilidades más elevadas. Tras ocupar brevemente el cargo de organizador, fue elegido vicesecretario nacional de la T&GWU.

¿Y cómo pasó de ser un rebelde malhablado a un respetado líder sindical cuyas opiniones son escuchadas en todo el país?

“Soy más culto ahora que cuando era más joven. He aprendido a trabajar en equipo, a delegar. He sido educado por mi sindicato y le estoy en deuda por ello”.

Randall reconoce también la importancia para su evolución y su aprendizaje de los contactos con el sindicalismo internacional mantenidos a través de la ITF.

“Las antiguas T&GWU y Sarhwu figuraban entre las grandes beneficiarias de la solidaridad y del apoyo coordinado por la ITF durante la época del apartheid. La experiencia nos ha enseñado lo importante que puede llegar a ser esta solidaridad, tanto en el sentido material como en el psicológico. Todo esto nos hace sentirnos más orgullosos de acoger el Congreso de la ITF de 2006 en Durban. Ha llegado la hora de que devolvamos algo de lo que hemos recibido y compartamos los frutos de nuestra larga lucha, y en especial la vitalidad del movimiento obrero sudafricano y nuestra cultura”.

Ronnie Mamba esresponsable de prensa de Satawu, con sede en Johannesburgo.

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