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Vida Laboral: A la cabeza

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Contexto de página: Página principal > Revista 'Transporte Internacional' > Previous issuesIssue 23 April 2006 > Working life: Leading the way


Saida Abad, la primera mujer marroqui en llegar a ser maquinista de tren

¿Cómo llegó a convertirse en la primera maquinista de tren de Marruecos?

Entré a trabajar en la oficina ferroviaria marroquí en 1992 como administrativa en el departamento técnico. Me gustaba el trabajo, pero mi padre había sido maquinista y siempre soñé que un día yo también conduciría un tren.

Años más tarde mi compañía inauguró un programa para ayudar a las mujeres a ascender de categoría o entrar en distintas áreas de trabajo. Cuatro mujeres entraron en el programa de formación pero yo fui la única que aprobó el examen de maquinista.

Fue una experiencia piloto, que desde entonces se ha venido repitiendo. Hoy hay ocho mujeres maquinistas en el país. Pero cuando yo me gradué hasta salí en los periódicos y fui bastante famosa durante un tiempo. Incluso me presentaron a nuestro Rey y conduje su tren.

¿Cómo reaccionaron sus compañeros a tener a una mujer entre ellos?

Me sorprendió lo contentos que estaban de tener a una mujer entre ellos y que aceptaran que ahora se abrían huecos para las mujeres. Y no sólo en los trenes; también en los taxis, en los autobuses y en otros sectores. Sólo algunos de los maquinistas más veteranos pusieron mala cara al principio.

Durante los primeros meses como maquinista, cuando el tren se detenía en pleno trayecto por meras razones técnicas y los pasajeros se bajaban del vagón, al visitar el compartimento del conductor y ver a una mujer maquinista, exclamaban: “¡Ah! ¡Ahora lo comprendo!”.

Pero, en cuanto podía, yo les decía: “¡Deberían alegrarse de que yo conduzca. Las mujeres somos más seguras y detenemos el tren con más suavidad que los hombres!”

¿Nos puede describir una jornada típica?

Me levanto a la 6:30. Despierto a mis dos hijos, les ducho, les visto y les preparo para ir a la escuela. Cada mañana, antes de marcharse, me dicen: “Que Dios te proteja, mamá”. Porque desean que no me pase nada malo. Llevo esa bendición en mi corazón cada día. Preparo el almuerzo para ellos, antes de marcharme al trabajo, adonde llego alrededor de las 11:30.

Trabajo de continuo más o menos todo el día, en tres líneas locales distintas, hasta las 18:00. No tengo un descanso para almorzar, pero sí una pausa de 15 minutos entre trayectos, mientras espero a que llegue el siguiente tren que debo manejar.

Cuando regreso a casa, a pesar de que estoy cansada de trabajar, ayudo a mis hijos con sus tareas. Después preparo la cena y nos sentamos a cenar juntos.

Me encanta mi trabajo, pero a veces me canso, porque no tengo tiempo para mi misma, ni para mis hijos.

¿Qué otras dificultades encuentra en su empleo?

En general, ninguna otra. Sólo es cuestión de aplicar lo que he aprendido. Pero naturalmente a veces hay momentos duros.

Un día un joven se suicidó tirándose frente al tren. No pude hacer nada para evitarlo, porque la velocidad que lleva el tren hace necesaria mucha distancia para que se detenga totalmente.

La compañía no nos ofrece ningún apoyo sicológico en estos casos. Me tomé el día libre. Lloré mucho.

¿Qué significa su trabajo para usted?

Significa que soy una mujer fuerte, que me puedo medir con los hombres. La gente me respeta por ello. Y mis hijos están orgullosos de mí.

Al mismo tiempo defiendo los derechos de otros maquinistas, tanto hombres como mujeres. Siempre he pertenecido al sindicato, pero ahora soy delegada.


Entrevista de Kay Parris.



Página inicial:
Número 23/2.2006/abril-junio 2006

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