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Solidaridad en la cadena de suministros

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Conferencia de sindicatos marítimos y mineros*

Los oradores de una reciente conferencia de sindicatos marítimos y mineros demuestran que los trabajadores pueden y deben apoyarse mutuamente, por encima de las fronteras nacionales y de los eslabones de las cadenas de suministros. Por Steve Stallone.

El personal que extrae, procesa y transporta los recursos que alimentan a las industrias de la economía globalizada posee, en potencia, un enorme poder. Dado que posibilitan el funcionamiento de los primeros eslabones de la cadena mundial de suministros y comparten los mismos empleadores multinacionales, tienen la capacidad de influir en el funcionamiento y en la distribución de la riqueza que generan estas industrias. La experiencia reciente ha demostrado cuánta solidaridad pueden brindarse los trabajadores situados a lo largo de la cadena de suministros de recursos en tiempos de necesidad.

Más de 200 responsables y miembros de base pertenecientes a más de 30 sindicatos mineros y del transporte procedentes de 10 países se reunieron el pasado mes de mayo en Long Beach, California, con el objetivo de comprender mejor los lazos que les unen y de maximizar la fuerza que pueden ofrecer. Durante cuatro días, las delegaciones cumplieron, en diversas conferencias, debates y encuentros, con el eslogan de la reunión, “Globalicemos la solidaridad”. Y cuando finalizaron las sesiones se comprometieron, de forma unánime, a mantenerse unidos frente al capital mundial y a lanzar una ofensiva contra sus empleadores multinacionales.

La declaración de Long Beach

Resumen de objetivos. 

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Los sindicatos ILWU y MUA copatrocinaron el encuentro de este año, que suponía la celebración de la segunda conferencia marítima y de la minería (la primera tuvo lugar en New Castle, Australia). Asistieron delegados de Chile, Vietnam, Australia, Estados Unidos, Canadá, África del Sur, Japón, Taiwán, Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda.

El presidente internacional de la ILWU, James Espinosa, marcó el tono y el rumbo que debía tomar la conferencia en sus palabras inaugurales.

“No deberíamos reunirnos sólo cuando tenemos un problema, cuando se produce un cierre patronal o cuando nos declaramos en huelga porque nuestra compañía intenta subcontratar nuestros empleos”, afirmó. “Deberíamos tener siempre presente que no estamos solos. Tenemos que llegar a comprender que debemos responder cuando recibimos el llamado de los demás”.

Paddy Crumlin, secretario nacional de la MUA, tomó la palabra a continuación, introduciendo los temas de la globalización y la solidaridad en el contexto de las experiencias comunes de los sindicatos.

“Nosotros somos quienes distribuimos las mercancías y, por esta razón, nos ponen en cuestión”, afirmó Crumlin. “No hay lugar en el mercado libre para el trabajador. No hay lugar en el mercado libre para los sindicatos. Y, por encima de todo, no hay lugar en el mercado libre para los sindicatos del trasporte poderosos”.

Crumlin continuó explicando que en 1998, agentes de seguridad privada expulsaron a 2.000 estibadores australianos de los muelles, atacándoles con perros en plena noche. Expulsados de sus puestos de trabajo, los estibadores presenciaron desde las puertas cómo los esquiroles desempeñaban su labor. Todo el movimiento sindical australiano y numerosos ciudadanos de a pie apoyaron los piquetes. Los estibadores de la ILWU en Los Ángeles se negaron a manipular el primer y el último buque cargado por esquiroles que hizo escala en la costa occidental estadounidense; y esa solidaridad hizo posible que los trabajadores volvieran a sus empleos y salvó a su sindicato.

Luchar contra el excesivo poder corporativo

El secretario tesorero de la AFL-CIO, Richard Trumka, -un minero de tercera generación que, desde las bases del sindicato Unión de Trabajadores Mineros de América, ha llegado ser el número dos del movimiento sindical estadounidense- incidió en la necesidad de “unir cabos” para cerrar la creciente brecha existente entre los salarios de los trabajadores y la remuneración obscenamente alta de los ejecutivos de las multinacionales y de las personas que determinan la política y la legislación.

“La verdad pura y dura para los trabajadores y nuestros sindicatos en los Estados Unidos es que las corporaciones y sus ejecutivos nos están robando con una mano y controlando nuestro gobierno con la otra”, declaró.

Trumka sugirió varias formas de contrarrestar la victoria de estos “conspiradores corporativos”: mejorar la organización, la acción política, las estrategias jurídicas y normativas, forjar más coaliciones entre trabajadores, población civil y defensores de los derechos humanos y, sobre todo, impulsar la solidaridad.

Luchar por lo que nos corresponde en justicia

John Maitland, secretario nacional de la CFMEU, explicó que las conexiones entre la minería y el sector marítimo no son obvias de forma intuitiva. En una economía industrial mundializada los trabajadores que explotan, procesan y distribuyen los recursos crean la riqueza de la sociedad y se merecen una parte mayor de ésta y, además, tienen la capacidad de que esto ocurra.

Gino Govender, de la Federación Internacional de Trabajadores de la Química, la Energía y la Minería (ICEM), compuesta por 144 sindicatos mineros afiliados procedentes de 85 países, expuso una panorámica de la industria minera mundial y animó a los delegados a “conocer a su enemigo”. Declaró que la industria está viviendo un boom, que las mayores compañías mineras tienen los bolsillos llenos de dinero y se están fusionando para formar grandes conglomerados. Éstas son, dijo, unas circunstancias adecuadas para que los trabajadores se movilicen y acaben con las enormes diferencias de riqueza que se registran entre las personas que poseen las minas y quienes viven en los países mineros.

El secretario de los portuarios de la ITF, Frank Leys, observó que cuatro de los principales operadores de terminales -AP Moeller, Hutchison, P&O y PSA Internacional- controlan más de la mitad del comercio mundial a través de filiales ubicadas en todos los países del globo. Ante el poder y el alcance de la red de operadores mundiales, los sindicatos afiliados a la ITF deben desplegar una estrategia que tenga por objetivo implantar en todo el planeta unas normas laborales mínimas que sean aceptables. La campaña de la ETF contra los puertos de conveniencia constituye una herramienta para enfrentar este importante problema.

Solidaridad marítima

Los sindicatos portuarios y marítimos afiliados a la ITF tienen en su haber una larga tradición de solidaridad mutua. Los portuarios aprovechan su posición de fuerza para ayudar a los marinos que tripulan navíos con bandera de conveniencia, y hacer que se respeten los acuerdos a los que llegó la ITF, en los que se estipulan para ellos unos salarios y condiciones mínimas aceptables. Lamentablemente, algunos capitanes de navíos están aprovechándose de las nuevas normas de seguridad internacionales para mantener a los estibadores alejados de los buques y encargar a los marinos la manipulación de las cargas, contraviniendo los acuerdos ITF.

Leys mencionó también una nueva política de colaboración entre la ITF y la ICEM. Se trata de una alianza mundial entre los trabajadores de los sectores de la producción de gas y petróleo y los del transporte. De forma parecida a la alianza entre los sectores minero y marítimo, esta iniciativa pretende supervisar el proceso que sigue el petróleo desde su producción hasta el punto final de distribución, tras percatarse de que, con frecuencia, quien mejor puede ayudar a un grupo de trabajadores del transporte petrolífero es un trabajador de la producción de petróleo (y no otro compañero del transporte).

Bob Hayden, secretario nacional del Sindicato Australiano de Ferrocarril, Tranvía y Autobuses (RTBU), explicó que sus miembros constituyen un eslabón clave entre la minería y el sector marítimo, ya que transportan los recursos “desde la mina hasta el puerto”. Durante el gran conflicto minero de 1997, en Australia, llevado a cabo contra Río Tinto, una compañía notoriamente antisindical, el personal ferroviario de la RTBU se negó a operar los trenes que enlazaban las minas y los puertos, brindando un respaldo crucial que llevó a los mineros a su victoria. De manera similar, durante el conflicto portuario vivido también en Australia un año más tarde, miembros de la RTBU se negaron a que los trenes de mercancías llegaran a los puertos. Hayden declaró que su sindicato está colaborando con otro gremio del transporte australiano para identificar las fortalezas y debilidades de sus empresarios y colaborar en una iniciativa conjunta de organización, educación de afiliados, presión y campaña corporativa.

Sondeos sobre seguridad portuaria

Después del 11 de septiembre, la Organización Marítima Internacional de las Naciones Unidas (OMI) redactó el Código Internacional de Seguridad de los Buques e Instalaciones Portuarias (SPS), supuestamente para proteger el comercio marítimo de los ataques terroristas. La aplicación de este código varía de un país a otro, ya que los sindicatos nacionales han empleado sus fuerzas, con distintos niveles de éxito, en colaborar o enfrentarse a sus gobiernos para proteger los derechos de los trabajadores.

Dean Summers, coordinador de la ITF en Australia, explicó durante un taller marítimo desarrollado en el seno de la conferencia por qué rechaza el sindicato MUA los aspectos más onerosos del código de seguridad. La tarjeta de identificación de los trabajadores del transporte australiano no incluirá la información electrónica “inteligente” que deseaban los empresarios y los funcionarios del gobierno. En lugar de ello, se hará una simple tarjeta de plástico con una foto identificativa. En cuanto a las inspecciones de los antecedentes penales, sólo se ceñirá a investigar posibles condenas por crímenes relacionados con el terrorismo.

Por su parte, los sindicatos marítimos canadienses, y en concreto la ILWU, se oponen a las medidas draconianas que el gobierno propone introducir en los muelles canadienses. Las medidas incluyen una exhaustiva verificación de antecedentes que, basándose sólo en una “subjetiva sospecha razonable”, permitirá negar el acceso a los puertos y el desempeño de sus funciones hasta a los estibadores más veteranos.

Mike Mitre, director de seguridad portuaria de la ILWU, explicó en el taller que la verdadera seguridad portuaria estadounidense está siendo ignorada, a favor de medidas como la Credencial de Identificación de los Trabajadores del Transporte (TWIC, sus siglas en inglés), con la que se pretende controlar la mano de obra y atar de pies y manos a los sindicatos. La comprobación de antecedentes penales sigue siendo la peor de las nuevas medidas de seguridad planteadas para los estibadores de la ILWU, pero el sindicato se está esforzando para lograr que el congreso disminuya sus repercusiones. Gracias a la preocupación surgida entre los empresarios por las consecuencias negativas que estas políticas pueden tener sobre su mano de obra cualificada y productiva, y gracias a que la administración Bush desea introducir por la vía rápida la tarjeta TWIC, el sindicato tiene posibilidades de conseguir que las inspecciones de los antecedentes sean más limitadas y que se incluya el derecho de apelación por el que lleva presionando desde hace tiempo.

Abusos contra los derechos sindicales y humanos

Atrocidades en Birmania

La realidad de la lucha trabajadora irrumpió en la conferencia cuando Frank Leys, de la ITF, recibió una llamada telefónica desde Londres informándole del asesinato del organizador sindical de la Unión de Marinos de Birmania, Ko Moe Naung. Los militares le arrestaron pocos días antes por las actividades que desarrollaba entre los pescadores y emigrantes birmanos y le torturaron hasta matarle.

La ITF instó al movimiento sindical internacional y a la comunidad empresarial internacional a aislar a Birmania y a su régimen militar, tanto política como comercialmente. Los delegados votaron a favor de dedicar un seminario a la memoria de Naung.

Prácticas draconianas antisindicales en Chile

Jorge Silva Berón, presidente del sindicato portuario chileno que agrupa a unos 6.000 miembros, relató lo sucedido durante la huelga del 5 de octubre de 2004, convocada para exigir un aumento salarial de 29 a 32$ diarios. Fuerzas de la policía y de la marina atacaron a los trabajadores y a él concretamente, golpeándole en la cabeza. Le dejaron sangrando, a punto de morir.

Después de 20 días de huelga, los estibadores chilenos consiguieron sus reivindicaciones. Pero ahora la compañía ha demandado al sindicato por las pérdidas sufridas durante esos 20 días, y el gobierno además ha interpuesto una acción judicial contra Silva por encabezar una acción de protesta que paralizó la producción en el puerto. Podría ser sentenciado a cinco años de cárcel y su caso no será decidido por un juez, sino por un almirante de Marina.

Comprendiendo la desesperada situación, los delegados recaudaron 6.000$ que donaron a un fondo para la defensa de Silva.

Australia: un gobierno cada vez más hostil

Todos los sindicalistas australianos presentes hicieron saltar la voz de alarma por la nueva crisis que les esperaba al volver a casa. En las últimas elecciones, el partido ultraconservador “liberal” del primer ministro John Howard ha obtenido la mayoría en las dos cámaras del Parlamento. El nuevo gobierno ha declarado su intención de “reformar” la legislación laboral del país, algo que John Maitland, de la CFMEU, ha calificado como “el mayor ataque contra los derechos laborales desde el nacimiento de nuestra nación”.

Los empresarios podrán legalmente ofrecer a los trabajadores “contratos individuales” en lugar de negociar colectivamente con ellos. Esto, unido a la eliminación de las leyes que protegían contra los despidos injustificados, deja a los trabajadores ante una cruda realidad: aceptar lo que les dicten sus patronos o ser despedidos. Howard tiene también previsto reducir el salario mínimo y eliminar el derecho a negarse a realizar horas extraordinarias o irregulares.

Los delegados aprobaron una resolución oponiéndose a los planes de Howard y apoyando a los sindicatos australianos, comprometiéndose a hacer todo cuanto esté en su mano para ayudar a iniciar el contraataque y luchar contra estas medidas.

El poder de los puertos

En una conferencia sobre sindicación en la cadena de manipulación de carga marítima, Peter Olney, director de organización de la ILWU, destacó como ejemplo una de las últimas campañas realizadas en la planta de procesamiento de almendras Blue Diamond, al norte de California, que demuestra cómo se puede aprovechar el poder de los puertos a favor de los trabajadores.

Las almendras son el producto más exportado de este Estado y Blue Diamond es su principal empresa procesadora, distribuyendo el 70% de su producción por el mundo entero. La compañía comenzó una agresiva campaña antisindical cuando sus más de 600 trabajadores empezaron a organizarse para exigir mejores salarios y condiciones; además de diversas medidas sobre salud laboral.

Todos los sindicatos presentes en la conferencia firmaron una carta dirigida al presidente de Blue Diamond instándole a respetar el derecho del personal a organizarse y a negociar sus reivindicaciones. En la carta le informaban de que “si continúa su conducta negativa haremos todo cuanto esté en nuestra mano, dentro de los límites legales, para ayudar a la ILWU a que se haga justicia con los trabajadores de Blue Diamond”.

Una vez concluyeron las reuniones, las delegaciones presenten redactaron una resolución por la que se comprometen a desplegar un canal de comunicación entre dirigentes sindicales y activistas de base. “La declaración de Long Beach”, que fue aprobada por unanimidad, les compromete a luchar y a ofrecer una respuesta rápida a escala mundial a los conflictos políticos o sindicales que afecten a cualquier sindicato de esta red, y a identificar un objetivo corporativo que será el blanco de una campaña de reconocimiento sindical.

Steve Stallone es director de comunicaciones en la ILWU en los Estados Unidos y redactor del periódico de la ILWU.
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