Tácticas antisindicales de nuevo cuño

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Los militantes, ante una nueva generacion de antisindicalistas. Por Kay Parris

En junio de 2003, los empleados de almacén de la compañía británica Logistics Culina se quedaron boquiabiertos cuando encontraron en la empresa un póster que decía: “¡Atención, Tu cuota sindical financia Estados comunistas totalitarios”.

Esta interpretación exagerada de la contribución anual de £80 que el sindicato dona a la campaña de solidaridad con Cuba, forma parte de la campaña ideada por una consultora contratada por la compañía para impedir que el sindicato de transporte británico TSSA organizara a su personal. Esta estrategia antisindical, hostil y artera, no escatimó en medios para alcanzar sus objetivos. La táctica funcionó y el almacén continúa sin representación sindical.

Una campaña de “contraataque” o para “evitar” a los sindicatos, sigue las siguientes fases:

En primer lugar, el empleador envía una serie de cartas muy amables a todo el personal en las que expresa el agradecimiento de la dirección por el trabajo realizado, y otras condenando la supuesta avaricia o corrupción de un sindicato.

En segundo lugar, se invita a supervisores apreciados por el personal a distribuir material antisindical y a reunirse en conciliábulos con la gerencia y los empleados. Las reuniones ordinarias de seguridad o de personal se transforman súbitamente en eventos antisindicales obligatorios. Se pide a unos pocos empleados que formen un “comité de oposición’”. Empiezan a invadir la empresa pósters, bolígrafos, camisetas y gorras con mensajes hostiles a los sindicatos.

Las reuniones se vuelven más hostiles. Se advierte al personal de que la representación sindical arruinará la compañía, provocará huelgas inevitables y reducirá los beneficios. Se mantiene a los simpatizantes del sindicato fuera de las reuniones y se les empieza a intimidar, tal vez incluso se les acuse de algo o se exageren alegaciones de negligencia; pueden incluso llegar a despedirles.

Estas son las famosas “tácticas antisindicales a la estadounidense”. Al menos en los Estados Unidos, la mayoría son coordinadas por “antisindicalistas externos” definidos por la confederación sindical estadounidense AFL-CIO como “consultorías especializadas en relaciones laborales y bufetes de abogados que aconsejan o dirigen la ofensiva de los empresarios contra las actividades organizativas del personal”.

Illinois

Carta enviada a los empleados de la compañía de autobuses First Student de Illinois Sigue>>


Un sector que vale miles de millones de dólares

El antisindicalismo en los Estados Unidos se ha convertido en una industria que mueve miles de millones de dólares. Se presume que al menos el 75% de las empresas estadounidenses contratan los servicios de estas consultorías especializadas en contraatacar las campañas de sindicalización. Y ello pese a que el derecho a la libre asociación está reconocido por la Ley de Relaciones Laborales de 1935, la cual dispone que “Todos los empleados tendrán derecho a formar, afiliarse o ayudar a organizaciones de trabajadores, negociar colectivamente mediante representantes elegidos por ellos, y participar en otro tipo de ayudas o protecciones mutuas”.

Esta ley ilegaliza expresamente cualquier intento de los empleadores de interferir en las actividades sindicales o de discriminar a los empleados favorables a los sindicatos. Sin embargo, por irónico que parezca, estas disposiciones que protegen a la mano de obra organizada han propiciado el florecimiento de la industria del antisindicalismo. Las leyes laborales chocan con los valores capitalistas y las compañías, ávidas de beneficios, recurren a la ayuda de las consultorías para encontrar lagunas jurídicas al respecto. Este negocio no deja de crecer, no sólo en Estados Unidos, sino también en otros países.

La globalización ha permitido que las grandes compañías, -entre las cuales encontramos muchs contrarias a los sindicatos-, expandan sus valores a los países en los que eligen invertir. Paralelamente, la competencia rampante en la economía mundializada y los estragos provocados por la desregulación que la propulsa, empujan a las empresas a reducir sus costes, aumentando el riesgo de que florezca una cultura antisindical.

Las compañías quieren descubrir hasta dónde pueden llegar legalmente y cómo pueden poner a su personal en contra de los sindicatos. Incluso sin pruebas tangibles de asesoramiento externo hostil a los gremios, la influencia directa o indirecta de estos estrategas resulta evidente en cada campaña sistemática lanzada contra un sindicato.

Tras las elecciones británicas de 1997, el nuevo gobierno laborista introdujo leyes que garantizan el reconocimiento sindical si una mayoría de los empleados se declara a favor. Obviamente esta medida trataba de proteger los derechos laborales, aunque tuvo como resultado colateral que un ejército de consultores estadounidenses “anti-sindicatos”, se relamiera ante la perspectiva de nuevos clientes al otro lado del Atlántico.

Zonas grises

El grupo de investigación laboral PTI con sede en Houston (Texas) fue una de las primeras consultorías estadounidenses que mostró interés por abrir una filial en el Reino Unido tras la introducción de la ley de relaciones laborales de 1999. Además ha encontrado clientes en otros países de Europa, así como en Canadá y en Puerto Rico.

Se dice que la compañía aérea Delta Airlines, en gran medida no sindicada, ha gastado millones de dólares en contratar a consultores antisindicales, en concreto a PTI. Cuatro años después de fracasar en su intento obtener elecciones, la tripulación de cabina de Delta ha vuelto a lanzar una campaña para exigir su derecho a afiliarse a un sindicato, la Association of Flight Attendants (CWA). Prosiguen su lucha, a pesar de haber sido acosados, amenazados y vigilados por la compañía.

“La dirección de Delta no repara en gastos para mantener alejados a los sindicatos”, declara Ellie Larson, miembro de la AFA. “No obstante, hemos aprendido a adoptar respuestas más sofisticadas y a preparar a nuestros encargados de sindicalizar al personal de vuelo a las estratagemas de los gerentes”.

La AFA tiene una web dedicada al personal de vuelo de Delta (www.deltaafa.org) donde se recogen testimonios de hasta dónde llegan los empleadores durante una campaña de organización sindical. Uno de los empleados víctima del hostigamiento nos da su testimonio:

“Un directivo me llevo a un rincón oscuro de la habitación. A continuación varios directivos comenzaron a caminar en círculo alrededor de mí. Habían llamado a la policía para detenerme, acusándome de distribuir panfletos sin permiso en la terminal. Era mentira. Y todos esos directivos lo sabían”.

La legislación estadounidense estipula claramente que es ilegal crear un entorno en el que el personal pueda ser castigado por valorar los posibles beneficios de afiliarse a un sindicato; pero está claro que los consultores antisindicales están siendo contratados no sólo para encontrar fisuras legislativas, sino para asesorarles sobre hasta dónde pueden llegar en un ataque al sindicalismo. Se estima que más de un cuarto de los empresarios estadounidenses despiden al menos a un trabajador en cada campaña de organización sindical. Sin embargo, se presentan pocas demandas ante los tribunales y, cuando se interpone la denuncia, las sanciones impuestas son mínimas. En un caso de despido improcedente, se puede tardar hasta diez años en readmitir al trabajador.

Extracto de la página con asesoramiento legal sobre Delta Airlines Sigue>>


Antisindicalismo flagrante

El Burke Group, una de las mayores consultorías antisindicales en los Estados Unidos, ofrece abiertamente sus servicios: “consejos para evitar sindicatos, campañas para contrarrestarlos, formación en vigilancia, evaluación sobre vulnerabilidad sindical, reducción de afiliados sindicales, campañas de oposición, etc”.

Las empresas que contratan a Burke se muestran más reservadas, aunque la lista incluye marcas mundialmente conocidas como Coca Cola, Honeywell, Mattell y Kmart. En el Reino Unido, Burke ha sido contratada por T-mobile para su campaña de oposición a la sindicalización. Virgin Atlantic admite haber contratado a este grupo para que le asesore sobre temas de “comunicación”.

Fuera de los Estados Unidos, el sector de los transportes está bastante bien sindicado. Seguramente los empleadores piensan que se juegan demasiado si hablan abiertamente de cualquier actividad antisindical. Pero lo cierto es que muchos sindicatos del transporte están observando tácticas de antisindicalismo claramente orquestadas que sugieren la influencia de estos consultores. El Burke Group tiene una lista de clientes sólo para miembros, y declara que asesora a “prácticamente cualquier sector”. Burke está presente en Estados Unidos, pero también en el Reino Unido, Francia, Canadá, México, Puerto Rico, Virgin Islands, Alemania y Bélgica.

Naturalmente, no todos los antisindicalistas proceden de los Estados Unidos. Australia posee su propia cantera. Un ejemplo sería Paul Houlihan, notorio en los círculos sindicales por ser el asesor del plan para eliminar al sindicato MUA durante el histórico conflicto portuario de este sindicato contra Patrick Corporation en 1998. Houlihan desempeñó un papel clave como consultor del grupo ACIL, compañía que, según el sindicato MUA, fue contratada por el gobierno de Howard para librar una guerra encubierta en los muelles del país.

Houlihan es miembro de HRNicholls, un laboratorio de ideas ultraconservador que, según la MUA, “formuló la agenda antilaboral de Howard en este país, y ha influido en el desarrollo de políticas extremadamente reaccionarias en las principales corporaciones que funcionan en Australia”.

Hay numerosas zonas grises que confunden la consultoría antisindical con el asesoramiento jurídico, el grupo de presión o la influencia política. Pero en todo el mundo, los sindicatos están percibiendo una mayor intensidad en las acometidas en su contra causadas por la influencia de grupos extranjeros o por la aplicación de estrategias sistemáticas de antisindicalismo en las empresas. A esta misma conclusión ha llegado, por ejemplo, el Congreso Sindical de El Caribe, celebrado en San Vicente a principios de este año. Allí se acusó al propietario tejano de Caribbean Star Airline de recurrir a tácticas antisindicales tras el despido de diez pilotos.

Otro ejemplo: en el puerto ruso de Murmansk, la compañía Murmansk Sea Trade Port Joint Stock Company (MSTPISC) ha lanzado una campaña para desacreditar al sindicato DUR en mayo de 2004, justo después de que el director general de la compañía fuera sustituido. Ahora la correspondencia interna del sindicato al empresario es rechazada sistemáticamente y el correo enviado al sindicato a través de la compañía no es aceptado. Además se recopilan datos personales sobre los afiliados a sindicatos y se utilizan en su contra.

“Los empresarios convocan a los empleados y los intimidan amenazándoles con retirarles sus prestaciones o impedir su progreso profesional”, ha declarado el coordinador subregional de la ITF en Moscú, Mikhail Lyakov. “Estas tácticas de la patronal están arruinando todas las actividades sindicales”.

Tampoco se libra de un entorno igualmente hostil a los sindicatos el personal de la compañía Standard Kargo en Izmir (Turquía). Tras una campaña de organización en 2004, varios empleados se hicieron miembros del sindicato TUMTIS. La dirección les amenazó con echarles si no abandonaban su afiliación. Ocho de ellos se negaron, y han sido despedidos. Poco después, una banda de matones armados con pistolas, cuchillos y palos atacaron a los trabajadores y representantes sindicales que participaban en una protesta legítima y pacífica frente a su lugar de trabajo.

Paradójicamente, por un lado estamos viviendo un avance del “consumo ético” en muchos países, -que está atrayendo una nueva época de responsabilidad social corporativa, de la que se puede beneficiar el movimiento sindical. Pero, paralelamente, se está produciendo un florecimiento de las empresas antisindicales en la competitiva economía globalizada, que sólo alimentan la hostilidad hacia los sindicatos; este hecho se ha incrementado a partir del 11 de septiembre. En abril de 2005, el presidente de Zambia Railways calificó una huelga legítima de acto terrorista. Un año antes, en Venezuela, miembros del sindicato del Metro fueron tachados de terroristas tras iniciar una huelga legal.

La resistencia sindical debe estar firmemente enraizada en unos sólidos conocimientos jurídicos, al igual que pasa con las empresas especializadas en antisindicalismo. Del mismo modo que los antisindicalistas escudriñan lagunas legales para minimizar las sanciones, los sindicalistas deben luchar por hacer más estricta la legislación laboral y ser menos vulnerables a estos abusos. Paralelamente, deben sensibilizar a sus miembros sobre sus derechos para que no caigan ante la intimidación. Y, por supuesto, como ante cualquier reto sindical, la unión -y la determinación de sus afiliados- hace la fuerza.

El sindicato AFA sigue varias reglas de oro en su contraataque a los asaltos antisindicales: Responde rápidamente a las alegaciones de la dirección; utiliza todos los medios posibles de comunicación y en especial folletos, pósters, web; y, lo más importante, se comunica con los empleados uno por uno.

“El personal de la aerolínea objetivo debe asumir la responsabilidad de la campaña de organización sindical”, afirma Ellie Larson. “Necesitan participar en la elaboración de la agenda, del mensaje y de las cuestiones que van a abordarse. Como siempre, el sindicato se reserva el rol básico de asesor, guía, apoyo y coordinador de la campaña”.

La ironía es que, en muchos casos, los responsables de las empresas pagan más a las consultorías de lo que les costaría cumplir las reivindicaciones de los representantes de los trabajadores. Sin duda, están pagando más de lo que nos quieren decir. Si la normativa contable hubiera obligado a la compañía británica Culina a publicar lo abonado a sus consultores y a dejar de intentar difamar al sindicato TSSA, el personal de almacén habría comprendido quién está de verdad financiando a quién.

Intimidación en el puerto de Bombay

En diciembre de 2002, la Unión de Trabajadores del Transporte y Portuario afilió a 90 conductores, limpiadores y otros empleados de la compañía Total Transport, filial de una estibadora del puerto de Bombay. Sigue>>





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