Cruzada por una auténtica democracia
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Somsak Kosaisook (a la derecha), presidente del sindicato estatal de trabajadores ferroviarios de Tailandia, ha dedicado su vida a luchar contra la opresión, primero durante la dictadura y, más recientemente, durante el capitalismo. Por Jane Barrett
Entrevista con el sindicalista tailandés Somsak Kosaisook
¿Cómo transcurrió su infancia?
Nací en una familia pobre en el Sur de Tailandia. En mi comunidad se valoraba muchísimo la educación y, a pesar del elevado coste de las matrículas, completé la escuela secundaria, como la mayoría de los demás niños de mi comunidad. Después continué estudiando y asistí a una escuela técnica ferroviaria en 1963.
Cuando llegué a la edad adulta la dictadura militar se encontraba en su apogeo. Subió al poder en 1957, gracias al apoyo de Eisenhower y de los aliados de los americanos en la posguerra. Para los Estados Unidos, la dictadura tailandesa constituía un muro de contención contra el avance del comunismo en el sudeste asiático. El general Sarit Thamarat, primer ministro militar de la dictadura, aceptó los créditos del Banco Mundial a cambio de la promesa de reprimir cualquier movimiento favorable al socialismo.
¿Cómo se convirtió en militante sindical?
Cuando entré en la compañía estatal ferroviaria, no sabía nada ni del sindicalismo ni del activismo político. Pero en cuanto empecé a trabajar tomé conciencia de las injusticias existentes y no pude evitar comprometerme y luchar por los derechos de los trabajadores. Fue instintivo. Sin pretenderlo, me convertí en el portavoz local de los jóvenes trabajadores. La dirección no tardó en tomar represalias contra mí. Pero a pesar de sus múltiples intentos, no pudieron despedirme, aunque no me congelaron el sueldo durante once años. Fue un periodo en el que no existía ni la libertad de asociación ni la de reunión. Por eso era tan difícil sindicalizar a los trabajadores. En esta primera época, una red de sindicalistas en clandestinidad desde la llegada de la dictadura contactó conmigo y decidí integrarme.
Dictadura, revuelta popular, represión brutal y hoy, gobierno civil
Tailandia vivió, durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo veinte, bajo una férrea dictadura militar, a la que se enfrentó una enérgica oposición estudiantil, cívica y sindical. En 1976, mientras las fuerzas policiales reprimían las manifestaciones estudiantiles y laborales en África del Sur, en Tailandia, y sólo en un año, eran asesinados más de 1.000 estudiantes y trabajadores.
El movimiento sindical tailandés desempeñó un importante papel en la lucha por la democracia y consiguió que la dictadura militar cayera definitivamente en 1992. Desde entonces, este país vive el mayor periodo de gobierno civil experimentado desde 1957. Durante esta fase democrática, el movimiento sindical ha tenido que enfrentarse a nuevos desafíos, como la lucha contra las políticas económicas neoliberales y la política de privatización gubernamental. Los 15.000 miembros de la Unión de Trabajadores de Ferrocarriles de Tailandia (SRUT) han estado en la vanguardia del movimiento contra la privatización. Los ferrocarriles estatales tailandeses obtienen la mitad de sus ingresos de los servicios de pasajeros, lo cual los convierten en un servicio público visible y popular.
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¿Estaba esta red vinculada a algún partido en concreto?
Algunos de los sindicalistas habían sido miembros del partido comunista, pero no todos. El movimiento clandestino defendía sobretodo el principio de libertad de asociación y los derechos fundamentales de los trabajadores. Pero, obviamente, la dictadura nos etiquetó a todos de comunistas. Fue más tarde cuando muchos de los líderes sindicales perseguidos se adentraron en la jungla y se unieron al partido comunista.
Háblenos de algunos momentos clave.
En 1970, después de 13 años de dictadura, diez de los principales líderes del movimiento sindical clandestino fueron arrestados y encarcelados sin juicio. Otros fueron asesinados a quemarropa, y algunos pasaron al exilio o se adentraron en la jungla. Otros, como yo, nos quedamos y continuamos enseñando a los trabajadores el significado de los sindicatos. Todo esto sucedía mientras el país se preparaba, supuestamente, para un gobierno civil, y mientras se redactaba una Constitución. La represión de 1970 provocó una reacción internacional y el gobierno decidió introducir derechos civiles de forma limitada. En 1972 la dictadura introdujo ciertas protecciones labores, en concreto un salario mínimo y la libertad de los trabajadores de inscribirse en asociaciones, aunque sin derecho a huelga o a la negociación. Gracias a esta tímida apertura fue posible crear una asociación nacional de ferrocarriles estatales, en julio de 1972, con el apoyo y la participación de los sindicalistas de la clandestinidad.
Después nacieron más asociaciones, sobre todo en empresas estatales (que eran las mayores). En 1973 se inició un movimiento popular en el que participaron estudiantes y académicos, muchos recién llegados del exilio. Murieron más de mil personas en los enfrentamientos con la policía. En noviembre de 1973 se convocó una huelga general que consiguió derrocar la dictadura y que el rey nombrara un gobierno civil.
Pero esto no acabó con la dictadura; tres años más tarde, en octubre de 1976, los generales volvieron a tomar el gobierno. Los militares temían el poder del pueblo, que cada vez era más importante. Por ejemplo, sólo en el sector ferroviario, entre 1973 y 1976, se convocaron tres huelgas nacionales para reivindicar mejores condiciones de trabajo.
¿Qué sucedió tras 1976?
El primer periodo de la segunda dictadura fue terriblemente violento. Los militares asesinaron y encarcelaron a muchos dirigentes sindicales y políticos. Del resto, unos volvieron a la jungla y otros fueron enviados a campos militares para su “reeducación”. Pero los sindicatos ya habían sentado sus bases y continuaba en vigor la ley de relaciones laborales de 1975.
Entre 1976 y 1992 se alternaron etapas de gobierno militar y de gobierno civil. En 1991, el último golpe militar volvió a prohibir los sindicatos en el sector público.
En 1992 las organizaciones civiles se reagruparon de nuevo en una poderosa alianza. Aunque la resistencia al gobierno militar era enérgica, los generales respondían con gran violencia. En unos meses asesinaron a unas cien personas y otras cien más desaparecieron. Entre éstas se encontraba el presidente de la confederación laboral, secuestrado en junio de 1992, y que jamás ha vuelto a ser visto. Se cree que está muerto, aunque jamás se ha hecho pública información sobre su paradero. La resistencia continuó, a pesar de las dificultades, y ese mismo año los generales acabaron por fin otorgando el poder a un gobierno civil.
¿Qué ha conseguido el movimiento sindical desde 1992?
No ha sido un periodo fácil. Aunque tenemos pleno derecho de asociación, seguimos sintiendo los efectos de la tradición de los sindicatos amarillos, sobre todo en el sector privado. No hemos sido capaces de implantar sindicatos sectoriales. La espina dorsal del movimiento sindical continua siendo el sector público, donde encontramos los mayores gremios.
Hoy debemos enfrentar una nueva dictadura: la del capitalismo. La patronal se aprovecha de la rápida liberalización de la economía, con el apoyo del gobierno. Los empleados trabajan más duro y más horas, pero reciben menos dinero. En este contexto, los sindicatos del sector público se han unido a las organizaciones civiles para plantar cara a la privatización. Hasta ahora, nuestra campaña ha resultado exitosa. El gobierno tenía la intención de privatizar este año el suministro de agua y la energía eléctrica, pero ha dado marcha atrás ante la magnitud de la oposición. Nuestra alianza plantea también cuestiones más amplias, como la pobreza que está asolando el país. Todo el mundo es más pobre. La deuda por habitante ha alcanzado proporciones dramáticas y nos preocupa que esta situación pueda servir para justificar un retorno de los militares.
Las protestas ahogan los planes de privatización
Entre 60.000 y 80.000 trabajadores participaron en la manifestación del 1º de mayo de 2004 en Tailandia. Sindicatos, granjeros, estudiantes y otras organizaciones de la sociedad civil se unieron y crearon una lista de reivindicaciones, entre las que cabe destacar:
1. Abandonar los planes privatizadores y mejorar la eficacia de las empresas estatales.
2. Incremento justo del salario mínimo.
3. Ratificación de los Convenios de la OIT 87 y 98 (sobre libertad de asociación y derechos laborales).
4. Garantizar unas normas mínimas en materia de salud y seguridad en el trabajo.
5. Protección legal y aplicación de los derechos laborales, y en concreto del derecho de los trabajadores subcontratados y emigrantes.
6. Protección de las personas con VIH, y en especial acceso a medicinas.
El apoyo multitudinario a éstas y otras protestas contra la privatización logró que se suspendiera el plan del gobierno de privatizar los servicios de agua y energía eléctrica en 2004.
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¿Qué lecciones han aprendido durante la dictadura?
Cada vez que se produce un golpe de Estado, lo primero que quieren los dictadores es destruir el movimiento laboral, bien eliminando los sindicatos, bien minándolos a través de la infiltración o del control. Así que si se produce un nuevo golpe, sea cual sea su autoría, todas las organizaciones sindicales deben unirse y responder sin dudarlo.
Los líderes del movimiento laboral deben dar su apoyo rotundo a la democracia y no sucumbir a las tentaciones. Si aceptan ocupar cargos en la sociedad civil o en la política deben ser conscientes de sus responsabilidades y poner su función en beneficio de los intereses de los empleados. Es absolutamente necesario que las bases supervisen sus acciones y que no sólo crean sus palabras, sino sus hechos.
¿Cuáles son las tareas inmediatas que debe enfrentar el movimiento sindical tailandés?
Debemos avanzar hacia la unificación y la solidez de nuestra organización, a fin de mejorar nuestra capacidad de negociación económica, social y política. Esto nos servirá de base para forjar lazos con un amplio abanico de aliados, con los que lucharemos por establecer un verdadero sistema democrático en Tailandia.
Jane Barrett es responsable de política de investigación del sindicato de trabajadores del transporte de África del Sur SATAWU. Entrevistó a Somsak Kosaisook en su visita a Bangkok en noviembre de 2004.