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محتوى الصفحة: Home > مجلة النقل الدولي "Transport International" > Número 20 / julio 2005 > Acabemos con esta pesadilla ferroviaria
Bob Crow (arriba) sólo ve una solución para los problemas ferroviarios de Gran Bretaña
La privatización ferroviaria está costando una fortuna a Gran Bretaña. Por ésta y por muchas otras razones, la única opción sensata para conseguir un sistema de transporte moderno y respetuoso con el medio ambiente consiste en devolver la red ferroviaria al sector público.
Días antes de las elecciones generales, una marcha organizada por la RMT llevó este mensaje por ciudades y pueblos de toda Gran Bretaña.
La manifestación itinerante, que tenía como lema “El tren contra la privatización”, partió de Glasgow el 16 de abril. Dos semanas más tarde, ya transformada en una gran marcha, llegaría a Londres, donde se celebró un mitin multitudinario sólo cinco días antes de las elecciones británicas.
Nuestro objetivo es conseguir que los políticos vuelvan a incluir en su agenda el tema de la propiedad pública. En los mítines, reuniones y manifestaciones convocados a lo largo de esta ruta, y fuera de ella, los manifestantes han preguntado a los candidatos al Parlamento si están de acuerdo con las tres cuartas partes de los votantes, que desean ver terminar esta pesadilla de la privatización, que ha resultado un auténtico desastre para los ferrocarriles británicos. La fragmentación de la red y el deterioro de los servicios son evidentes, y, sin embargo, las compañías ferroviarias privadas continúan recibiendo miles de millones de libras en subsidios y embolsándose miles de millones en beneficios.
El estudio realizado por el laboratorio de ideas Catalyst ha apuntalado nuestra campaña, pues revela que la privatización ha costado a los contribuyentes más de 6.000 millones de libras, “filtradas” por el sector privado desde la industria ferroviaria. Según este informe, devolver los ferrocarriles al sector público supondría un ahorro inmediato de 500 millones de libras anuales. El informe concluye también que la mayoría de los servicios ferroviarios de pasajeros podrían volver sin coste alguno antes de 2013.
La espiral de los costes
El principal fallo sigue siendo la fragmentación, aunque el gobierno ha tapado este tema clave y sólo habla de la necesidad de mantener los costes bajo control. Incluso desde esta óptica, los beneficios de las compañías explotadoras de los servicios ferroviarios británicos han aumentado un 20% el año pasado, alcanzando casi £300 millones.
La mayor de estas compañías, National Express, consiguió un sorprendente incremento del 76% en sus beneficios de explotación (desde 33,2£ millones en 2003 a 58,5£ millones el año pasado) y repartió entre sus accionistas un 18% más de dividendos.
Las tres compañías de material rodante -un cártel que arrienda trenes a las compañías explotadoras por precios que harían sonrojarse a la Cosa Nostra- han conseguido en conjunto unos beneficios de 2.000 millones de libras desde la privatización de 1996. Con estos resultados tienen encantado al Royal Bank of Scotland, cuya filial Angel Trains contribuyó en 2003 con 86,3£ millones a los beneficios de la entidad (un rendimiento de casi el 32%).
También son buenas noticias para el banco HSBC, que está batiendo records de beneficios y cuya filial de arrendamiento de trenes ha aportado £75,3 millones en 2003 (un 30%) a los megabeneficios de su empresa matriz. Este sistema parasitario campa por sus respetos en nuestros ferrocarriles, y permite que se mantenga en servicio un material rodante anticuado y que las compañías de construcción de trenes estén despidiendo a miles de trabajadores cualificados por falta de demanda.
Pero lo increíble es que el gobierno laborista ha incrementado su presupuesto ferroviario; pero como no ha procedido a invertir el proceso de privatización, no ha conseguido frenar la espiral de los costes ni el escape continuo de dinero público del sector.
El deterioro de los servicios
La inversión ferroviaria es hoy tres veces más cara en términos reales que en los días de la British Rail. Los operadores privados reciben más subsidios aunque ofrecen peores servicios que la pública BR. El ansia de beneficios provoca el descenso de los niveles de seguridad. Los ocho trabajadores ferroviarios británicos muertos el año pasado desempeñaban su trabajo en lugares controlados por compañías privadas. La RMT lucha constantemente contra los intentos de los operadores privados de perjudicar la función de seguridad de los vigilantes de los trenes.
En lugar de dar marcha atrás y paliar los daños, el fracaso de la expoliación ferroviaria se está repitiendo en el Metropolitano de Londres, donde la fragmentación y la privatización de la infraestructura están empeorando los servicios y los niveles de seguridad.
El pasado mes de marzo, una comisión elegida por el gobierno respaldó las opiniones de la MRT y concluyó que la privatización del metro londinense es un plan caro que sólo conseguirá garantizar unos beneficios sin riesgos de dos millones de libras semanales, que se embolsarán los accionistas.
Los contratos de 30 años de duración permitirán a las operadoras privadas repartirse £3.000 millones en beneficios, sin que haya garantías de que la red de metro mejorará al final del proceso. Si volvieran las operaciones ferroviarias al sector público, éste recibiría un enorme reembolso, como ha quedado demostrado en el caso de South Eastern, la única franquicia que ha vuelto a las manos públicas (aunque vuelve a estar amenazada de privatización).
South Eastern demostró en la práctica poder registrar mejoras continuas en puntualidad sobre sus homólogas del sector privado, y necesita un millón de libras menos mensuales de subsidios que su potentada predecesora –aun luego de haber readmitido al personal despedido por Connex-. Este éxito debería erigirse en un modelo para el regreso a manos públicas de todas las franquicias ferroviarias. Sin embargo, el gobierno británico tiene previsto volver a privatizarla.
Dejar las cosas como están significa permitir una subida descontrolada de los costes del sector privado y que se materialice un sombrío futuro de recortes de servicios, de empleos, de aumento de tarifas y de incremento de los niveles de congestión y de contaminación en las carreteras británicas.
La vuelta de los ferrocarriles a manos públicas no sólo representa la mejor opción, es además la única opción sensata.
Bob Crow es secretario general del sindicato RMT, con sede en Londres (Reino Unido).
Si desean contribuir con su opinión al tema de la nacionalización o privatización de los ferrocarriles, contacten con parris-kay@itf.org.uk.
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Issue 20 July 2005
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