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Contexto de página: Página principal > Revista 'Transporte Internacional' > Número 22 enero – marzo 2006 > Una oportunidad para la dignidad
EL DESPIDO SUMARÍSIMO DE 670 EMPLEADOS DE GATE GOURMET EN AGOSTO DE 2005 DESENCADENÓ UN CONFLICTO HISTÓRICO Y LA CREACIÓN DE UNA NUEVA AGENDA PARA PROTEGER AL PERSONAL, POR BRENDAN GOLD
El verano de 2005 permanecerá para siempre en los anales del sindicalismo británico. La temporada alta transcurría sin incidentes en Heathrow, el aeropuerto de mayor tráfico del mundo, hasta el 10 de agosto, día en que estalló un grave conflicto laboral, cuando Gate Gourmet, la compañía de catering aéreo, despidió de manera fulminante cerca de un tercio de su personal, unos 700 empleados de restauración y distribución.
Esta decisión sembró el caos y costó a British Airways millones de libras, además de desatar una batalla entre la patronal y los trabajadores que duró dos meses. El conflicto llegó a las portadas de los periódicos del mundo entero, dominó los congresos del TUC y del Partido Laborista. El comportamiento de la dirección fue condenado desde la cúpula del gobierno laborista. Además, el problema consiguió unir al movimiento sindical, el cual demostró que, a pesar de los avances conseguidos en defensa de los trabajadores bajo la administración laborista, la legislación laboral británica continúa siendo inadecuada y necesita ser reformada.
La gran familia de Heathrow
Gate Gourmet se creó cuando British Airways (BA) vendió su división de catering interno a Swissair en 1997, para concentrarse en su actividad principal, el transporte de pasajeros. Cuando Swaissair entró en dificultades, los tiburones de Texas Pacific Group se apoderaron de la compañía de catering. BA seguía encargando a Gate Gourmet la mayoría de los platos cocinados ofrecidos en sus vuelos de larga distancia y los sandwiches para los trayectos cortos; pero exigió precios más baratos. Este recorte de los precios de su principal cliente, significaba un golpe de gracia para Gate Gourmet. Necesitaba reducir costes, y rápido.
Documentos filtrados al Daily Mirror demuestran que los directivos de la compañía tramaban despedir al personal orquestando una huelga no autorizada. El 10 de agosto, y sin que la plantilla tuviera conocimiento de ello, la estratagema comenzó a rodar.
Los trabajadores, preocupados por la contratación de trabajadores temporales inmigrantes mientra la compañía amenazaba al personal fijo con el despido, se reunieron en la cantina para demandar una explicación a los gerentes. En lugar de ello, fueron encerrados por guardias de seguridad y mantenidos bajo vigilancia por la policía local. Además se les impidió reunirse con sus representantes sindicales. Con demasiado miedo para huir, los empleados, entre los que se encontraban una mujer embarazada y un hombre diabético, fueron retenidos allí durante casi cuatro horas. A continuación se les condujo hasta el parking y se les comunicó su despido a través de la megafonía.
Estos trabajadores fueron acusados de manifestación no autorizada, y se encontraron desamparados, sin recursos jurídicos y sin indemnización económica. Pero al actuar de esta manera, la compañía subestimó a su personal, a su sindicato y a la “gran familia de Heathrow”.
Cuando corrió la voz sobre el trato recibido por estos trabajadores, el personal de BA se solidarizó y se puso en huelga, para mostrar su indignación por la forma de intimidar a un personal compuesto mayoritariamente por mujeres, a las que se dejaba sin trabajo. Pronto comenzaron a cancelarse los vuelos. Mil tripulantes y casi 100.000 pasajeros de BA se encontraron en el lugar equivocado en el momento erróneo. La compañía aérea tardó casi una semana en recuperar la normalidad de sus operaciones. Mientras, la dirección de Gate Gourmet abordaba el conflicto con frialdad, declarando que no tenía nada que ver con lo sucedido. Pero cuando salió a la luz la forma en la que se había despedido a los trabajadores, se pasó de la incredulidad a la indignación. El personal decidió luchar por sus empleos y por su reputación, y sus sindicatos estuvieron a su lado en cada paso que daban.
Protestas diarias en la “Colina T&G”
Los trabajadores despedidos establecieron su campamento en una colina próxima a la fábrica, Beacon Hill, pronto rebautizada como “T&H Hill (“Colina T&G”) Se instalaron tiendas de campaña, la comunidad local preparaba comida para los manifestante; se entonaban canciones. Las proclamas de “¡T&G Zinderbad!” (“¡larga vida a T&G!”) competían con el estruendo de los aviones. A pesar del calor veraniego y de las lluvias de septiembre los trabajadores alcanzaron el montículo. Desde el alba hasta el atardecer, cientos de personas protestaron cada día, mostrándose dispuestos a permanecer allí hasta que se resolviera el conflicto.
Las manifestaciones en la colina es simbolizaban el conflicto. Expulsados de su lugar de trabajo, los trabajadores se mantuvieron unidos. De esta forma, un montículo insignificante dentro del aeropuerto más concurrido del mundo se convirtió en el punto de mira de políticos, líderes de la comunidad y sindicalistas, que llegaban hasta allí para apoyar al personal en lucha, formado en su mayoría por mujeres asiáticas vestidas con saris y hombres de mediana edad de la misma procedencia. Con los medios de comunicación constantemente presentes, el mundo les observaba.
El nombre de Gate Gourmet estaba en boca de todos. Se había hecho tristemente famoso, y, de paso, estaba arrastrando a British Airways. Polly Toynbee escribía en The Guardian: “El espectáculo del piquete formado por el personal de Gate Gourmet permanecerá en la memoria de la opinión pública. La visión de estas mujeres asiáticas de mediana edad, mal pagadas, envueltas en un conflicto insólito, quedará indeleblemente vinculada a British Airways, que tan displicentemente malvendió su reputación y la de sus empleados menos remunerados”.
El sindicato T&G dejó claro a British Airways que no podía lavarse las manos. Tal vez podía subcontratar sus servicios, pero no eludir sus responsabilidades. No podía permitir que su principal proveedor de catering tratara tan vergonzosamente al personal.
A finales de agosto, los síndicos se mantenían alerta por la renqueante situación de la compañía de catering. Ejerciendo presión sobre BA, Gate Gourmet se autoimpuso un plazo para ser intervenida. Lo que buscaba con ello era lograr una inyección de liquidez sin la cual se colapsaría y, con ella, una parte substancial del sistema de BA para alimentar a sus pasajeros.
Pero el sindicato T&G se mantuvo firme: el dinero debía ser aportado a la compañía de catering a condición de que resolviera el problema a satisfacción del personal. BA estuvo de acuerdo: pagaría más por sus comidas, pero sólo si Gate Gourmet resolvía el conflicto con el sindicato y los trabajadores. Si no había acuerdo con el sindicato, no se renovaría el contrato con BA.
Algo que afecta a cada trabajador
La intervención de BA renovó las esperanzas de resolver el conflicto. Gate Gourmet tenía una razón para volver a la mesa de negociaciones y un impulso para alcanzar un acuerdo. Sin embargo, inexplicablemente, y a pesar de la amenaza de la suspensión de pagos, Gate Gourmet se mostró reticente a llegar a un “compromiso honorable”.
En una atestada asamblea del personal, en el templo sij local, el secretario general de la T&G, Tony Woodley, resumió la postura de la dirección: “Ya tenía previsto declararse en suspensión de pago para presionar más a BA y cumplir su cínica y bien planeada estratagema. En ningún momento consideró las repercusiones que podía tener para ustedes, sus familias y las comunidades en las que viven”.
Según Woodley, el comportamiento de Gate Gourmet tenía ramificaciones mucho mayores. “Se trata de una cuestión que afecta a todo el país. ¿Puede una compañía venir a Gran Bretaña y planificar cínicamente el despido de hombres y mujeres inocentes sólo para reducir costes, y permitírsele que salga impune de ello? Yo digo que no”.
Entre los presentes en el templo se encontraba Matilda, de 45 años, empleada en la fábrica desde hacía nueve. Para ella, perder sus ingresos regulares era devastador. “Estoy totalmente deprimida. No tenemos dinero y las cosas nos van muy mal”.
Su representante en el Parlamento, Anne Keen, mostraba su indignación por esta situación: “Jamás pensé que nuestra comunidad o que mis electores pudieran ser tratados de esta forma por una compañía en pleno siglo XXI”.
Las conversaciones flaqueaban por la negativa de los jefes estadounidenses de Gate Gourmet a readmitir a los “militantes”. Para quienes han visto a las personas que conforman la mano de obra de esta compañía, esta acusación resulta ridícula. Jamás una plantilla ha parecido menos “militante”. Ni siquiera las cifras eran creíbles. A veces, Gate Gourmet incluía a 40 personas en esa categoría; otras veces, a 200.
Desesperada por mantener al menos el esqueleto de los servicios ofrecidos a BA, se dice que los jefes de Gate Gourmet ofrecieron a los conductores primas de 500£ para que continuaran trabajando durante el conflicto. Dado que su principal cliente, BA, representa el 80% de su negocio, y que acumulan una pérdida de 23 millones de libras del año anterior, la compañía de catering debió haberse esforzado por llegar a un acuerdo.
Los progresos en las negociaciones sufrieron un repentino revés. La acusación de que había 200 “militantes” o “agitadores” entre la mano de obra, formada en su mayoría por mujeres asiáticas de mediana edad, era sencillamente absurda y demostraba su total desinterés por resolver el conflicto.
Las conversaciones se estancaron hasta septiembre. Los trabajadores mantuvieron la protesta y la esperanza vivas en el montículo. “Pienso que las cosas van a resolverse a nuestro favor. Esta protesta está jugando un papel importante, ¡y eso es genial!”, me dijo una de las huelguistas.
Luchar por la dignidad
Como Gate Gourmet se las ingeniaba para escabullirse de un acuerdo, T&G intensificó su presión política. “El despido de los trabajadores de Gate Gourmet supera el mero conflicto industrial. Ellos son el leit motiv del movimiento sindical y de la lucha por la dignidad y la justicia en el trabajo. No olvidamos que fueron despedidos con 20 minutos de anticipación y avisados a través del megáfono”, declaró Tony Woodley.
En septiembre, el Congreso de la TUC votó por unanimidad respaldar al personal en su lucha. Condenó a la dirección de Gate Gourmet y respaldó la postura de la T&G: si no se modifica la ley, éste no quedará como un abuso aislado contra una mano de obra vulnerable.
Siguiente parada: la Conferencia del Partido Laborista. La T&G estaba dispuesta a conseguir su respaldo a una enmienda de la legislación que permita acciones de solidaridad en los casos en los que exista una relación contractual clara. El sindicato también intentó presionar sobre el gobierno, para que progresara la directiva de la UE sobre personal de agencias temporales, que eliminaría los beneficios económicos derivados de la contratación de personal extranjero más barato.
La conferencia brindó una ovación al personal de Gate Gourmet. En una apasionada alocución, Tony Woodley defendió la necesidad de impedir que este caso se repita “nunca más”. La mayoría de los sindicatos y una elevada proporción de los electores respaldó a la T&G, que fue el ganador del día.
Esta victoria dio un tremendo impulso a los trabajadores y a su deseo de resolver el conflicto. Gracias al paciente trabajo del sindicato y de la TUC, se estableció un marco para el acuerdo. Había transcurrido ya mucho tiempo desde que comenzó el conflicto el 10 de agosto.
A finales de septiembre, el pacto negociado fue aceptado por unanimidad por el personal despedido. Para la gran mayoría, el resultado ha sido muy positivo. Alrededor de 400 podrán volver a su trabajo. Unos 170 no quieren volver y aceptarán la indemnización que antes se les negaba. Para los 144 restantes, el despido será obligatorio, pero recibirán una indemnización y la opción de apelar si ésta no le satisface.
Los trabajadores se preguntan qué pasará después, pero saben que sin su sindicato y sin el apoyo que han recibido de sus compañeros de la familia de Heathrow, jamás habrían llegado tan lejos. Hoy pueden optar a seguir dentro de la compañía o a una indemnización que les ayudará a volver a empezar.
Para la T&G hay otras cuestiones por resolver. Y la primera de ellas es asegurarse de que este episodio no se repita y que otros trabajadores mal pagados y vulnerables no sufran. Estamos dispuestos a que las lecciones de este histórico conflicto no sean olvidadas por nuestro gobierno, por los empleadores y por los propios trabajadores.
Por ahora, con su fin, los hombres y las mujeres de Gate Gourmet pueden ya bajar de la “Colina de T&G”.
Brendan Gold es secretario nacional de aviación civil de la TGWU, Gran Bretaña.
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Número 22 enero – marzo 2006
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